LADRÓN DE BICICLETAS (1948)

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    Titulo original: Ladri di biciclete
    Año: 1948
    País: Italia
    Duración: 93 min.
    Dirección: Vittorio de Sica.
    Guión: Cesare Zavattini, Oreste Biancoli, Suso Cecchi d'Amico, Vittorio De Sica, Adolfo Franci. Gerardo Guerrieri y Cesare Zavattini, según un argumento de Cesare Zavattini basado en una novela de Luigi Bartolini.
    Música: Alessandro Cicognini.

    Intérpretes

    Lamberto Maggiorani, Enzo Staiola, Lianella Carell, Gino Saltamerenda, Vittorio Antonucci, Giulio Chiari, Elena Altieri, Carlo Jachino, Michele Sakara, Emma Druetti, Fausto Guerzoni, Giulio Battiferri, Ida Bracci Dorati, Nando Bruno, Eolo Capritti, Memmo Carotenuto, Giovanni Corporale, Sergio Leone, Mario Meniconi, Massimo Randisi y Checco Rissone.

    Sinopsis

    Tras varios años en paro, Antonio Ricci (Lamberto Maggiorani), un humilde padre de familia que vive en la periferia de roma, consigue un empleo como fijador de carteles. Para ocupar el puesto es condición indispensable disponer de bicicleta, por lo que su decidida mujer, María (Lianella Carell), la desempeña empeñando a cambio las sábanas de su cama. Pero el primer día de trabajo, en un momento de despiste, cuando está subido en una escalera, un joven (Vittorio Antonucci) le roba la bicicleta. Antonio le persigue, pero el ladrón consigue huir. La policía acoge su denuncia pero no le ofrece la más mínima esperanza de recuperarla, pues se cuentan por cientos, quizá miles, los hurtos diarios de bicicletas. En compañía de su hijo Bruno (Enzo Staiola), y con la ayuda de un amigo basurero, trata de recuperarla durante un largo y angustioso domingo, única esperanza para salir de su precaria situación. Infinidad de bicicletas de segunda mano desfilan ante sus ojos, pero ninguna es la suya. De repente, Antonio divisa al ladrón, que está hablando con un viejo mendigo (Giulio Chiari). De nuevo se les escapa, pero entonces siguen al anciano hasta un asilo, en cuya capilla Antonio le obliga a confesar el nombre y la dirección del ladrón, con resultados infructuosos. Por fin, desesperado, trata a su vez de robar una a la salida del fútbol, pero su dueño lo advierte y, con la ayuda de otros transeúntes, Antonio es detenido. Las lágrimas del pequeño Bruno, que abraza calurosamente a su padre, le salvarán de la cárcel.

    Comentario

    Una obra maestra del neorrealismo italiano, la película que consagró a Vittorio de Sica como director y que logró que este movimiento cinematográfico italiano, que con Roma, ciudad abierta de Rossellini había sentado sus postulados artísticos, se convirtiera en un gran éxito mundial. El drama argumental es tan sencillo como terrible. En la inmediata postguerra un hombre necesita de su bicicleta para poder trabajar. Cuando se la roban y ante la desesperación de verse de nuevo sin trabajo, se convierte en un lobo para los demás. De Sica huye de cualquier vena sentimentalista, mostrando el tema en toda su dureza, en una Roma de barrios pobres, mercados al aire libre y calles inhóspitas y feas. Es amarga y poderosamente realista, y pocas películas han plasmado mejor la desesperación del umbral de la pobreza. Una película que habla de la insolidaridad humana donde un hecho trivial, se convierte en una tragedia para un hombre.