En San Salvador, dos pandillas: La Mara Salvatrucha y Mara 18, se han enfrentado durante años en una guerra sin piedad. Más de 14.000 jóvenes olvidados expresan su rebeldía a través sus tatuajes y profesando una total devoción a su clan, que sustituye a la familia. Hijos de la violencia; son los herederos de bandas formadas en EE.UU. en los años 80 por inmigrantes salvadoreños que huyeron de la guerra civil. Nacida en los ghettos de Los Angeles, la leyenda Maras se fortalece en Centroamérica eon el regreso de los refugiados y los inmigrantes ilegales deportados.
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