LA VIDA INTERIOR DE MARTIN FROST (2007)

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    Titulo original: The inner life of Martin Frost
    Año: 2007
    Fecha de estreno en España: 05-12-2007
    País: Portugal - España - Francia
    Duración: 93 min.
    Dirección: Paul Auster
    Guión: Paul Auster
    Música:

    Laurent Petitgand


    Intérpretes

    David Thewlis, Irène Jacob, Michael Imperioli y Sophie Auster.

    Premios

    Presentada fuera de concurso en el Festival de Cine de San Sebastián.


    Sinopsis

    Martin Frost (David Thewlis), un escritor de éxito, acaba de publicar un libro cuando decide retirarse a una casa de campo por un tiempo. Al despertarse la primera mañana, Frost descubre sorprendido a una misteriosa y deslumbrante mujer tumbada a su lado, que dice llamarse Claire Martin (Irene Jacob). Fascinado con su belleza e inteligencia, Martin Frost se apasiona profundamente por ella y piensa que se ha encontrado con su musa que le va a ayudar a escribir su mejor novela. ¿Quién es esta mujer misteriosa que tan bien conoce su vida y su obra? ¿Será una musa real? ¿Será una imaginación suya? ¿Es ella un fantasma que se ha deslizado en la vida privada de Martin Frost? Pronto comprueba que, conforme avanza la escritura de su nuevo libro, la salud de ella se debilita más y más hasta que, en el momento en que pone punto final a su texto, ella aparece muerta. Horrorizado, quema rápidamente todo lo que ha escrito, logrando que vuelva a la vida. Sin embargo, cuando planea un viaje a Nueva York con ella, un pinchazo en la carretera hace que ella se vaya. A la vez que ella desaparece de su vida, aparece James Fortunato (Michael Imperioli), un fontanero al que encuentra en la carretera y al que recurre para que le arregle la caldera. A la vez que Martin Frost solo puede ver a Claire en sus sueños, James se le presenta como un escritor aficionado, qwue le ofrece sus manuscritos para que los lea y a su sobrina para que le cuide. Ésta, Anna (Sophie Auster), resulta ser una joven débil y enfermiza, a la que Martin frost pronto identifica como proveniente de la misma dimensión que Claire.

    Comentario

    Como a todo fabulador que se precie, a Paul Auster le gusta variar, organizar sus propios conciertos, tocar muy distintas teclas, y en esto del cine no puede negar que le pesa el oficio. Porque -le guste, o no- él es ahora un escritor metiendo las narices en el Séptimo Arte. Y ¿lo hace bien, lo hace mal?...pues ni sí, ni no, sino todo lo contrario: hace lo que puede, que es mucho. Desde sus primeros relatos, desde “La trilogía de Nueva York”, Auster ha centrado su atención en el tema ya clásico del desdoblamiento. Con una mentalidad, la suya, que traspira literatura por todos los poros es difícil (no, imposible) despojarse de viejos hábitos. Y el mundo literario está muy bien, siempre que el autor en cuestión se olvide de un “tempo”, de un ritmo y de un modo de narrar que ha de ser aquí peculiar, como poco. “La vida interior de Martin Frost” sin embargo es una película especialmente interesante, muy bien puesta en situación (un arranque con gancho) y el atractivo añadido de intrigar al espectador, tirar de su curiosidad y acercarle al proceso creativo obligándole, de paso, a que se identifique (o se solidarice al menos) con ese escritor desconcertado que está viendo. Es, ni más ni menos, la materia de la que están hechos los sueños de Paul Auster: la creación y sus pulsos, sus obsesiones con el alter-ego, ese “otro” que es él mismo y que le ayuda a comprenderse mejor. Pero el “alter” lleva indefectiblemente pegado eso: el “ego”. Y por ahí se pierden a ratos Auster y su película, que no Martin Frost. Salvado ese escollo y para compartir la emoción que el autor nos está pidiendo, hay que prestarse al juego, creer lo que nos propone y rendirse luego a la evidencia de una vacuidad sugerente (muy “austeriana”) estimulante y no del todo original. Para quien no consiga esa comunicación con Auster “La vida interior de Martin Frost” puede aburrirle; y hasta exasperarle la incómoda sensación de navegar entre un chispazo de ingenio y un viaje a la sensualidad ocurrente, pero en un relato forzado y estirado. Bien, David Thewlis; aunque Irene Jacob es con diferencia lo mejor de todo; aporta todo un mundo de delicadezas; tiene esta mujer un algo acogedor, inteligente y sensitivo, una manera de trascender lo puramente visual, que difícilmente superaría cualquier otra actriz. Sin embargo, desde “Smoke” (1995) hace ya doce años, desde que el Auster/guionista aprendió aceleradamente de Wayne Wang, su director, no se ha superado a sí mismo. “Smoke” contenía una buena historia (la suya propia) dentro de una gran idea muy bien rodada; cuando debutó tras la cámara como realizador con “Lulú on the Bridge” desveló ya defectos similares a este Martin Frost. Pero, aún poniéndole el listón tan alto, es cierto que a la película no le falta, en absoluto, calidad; en todo caso, le sobran expectativas, las que se colocan en todo lo que Paul Auster haga. Y de ese exceso de promesas nada comprometedoras puede tener algo de culpa la promoción (¿abusiva?) que se viene haciendo de este gran narrador.