LA VERBENA DE LA PALOMA (1935)

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    Titulo original: La verbena de la Paloma
    Año: 1935
    País: España
    Duración: 76 min.
    Dirección: Benito Perojo
    Guión: Benito Perojo, con diálogos adicionales de Pedro de Répide, basado en la zarzuela del mismo título de Tomás Bretón, adaptada por Ricardo de la Vega.
    Música: Luis H. Bretón, interpretada por la Orquesta Filarmónica de Madrid bajo la dirección del Maestro Estevarana.

    Intérpretes

    Miguel Ligero, Raquel Rodrigo, Roberto Rey, Sélica Gómez Carpio, Dolores, Cortés, Charito Leonís, Rafael Calvo, Enrique Salvador, Carmen Guerra, Isabel de Miguel, Guillermo Linhoff, Luis Llaneza y Alicia Palacios.

    Sinopsis

    Película que recrea el Madrid más castizo y popular de agosto de 1893, representado por sus protagonistas: Casta (Charito Leonís) y Susana (Raquel Rodrigo), dos guapas hermanas modistillas, rubia la una y morena la otra, viven juntas, en la pensión regentada por la seña Rita (Sélica Pérez Carpio), con su tía Antonia (Dolores Cortés). El novio de la segunda, Julián (Roberto Rey), es un tipógrafo que está celoso porque las dos hermanas se han propuesto dejarse acompañar a la Verbena de la Paloma por don Hilarión (Miguel Ligero), un viejo y adinerado farmacéutico, y busca algún sistema de impedirlo, sin importarle llegar a la violencia. Todos coinciden en la verbena, produciéndose una discusión entre Julián y el boticario. Al final, todos acaban en comisaría donde se aclara el enredo y los jóvenes enamorados hacen las paces, quedando burlado el viejo pícaro don Hilarión.

    Comentario

    Una de las grandes películas del cine español de la República, segunda vez que se llevaba al cine (la primera fue en el cine mudo), la famosa zarzuela de Tomás Bretón. Benito Perojo profundiza con este film en la línea castiza y madirleñista que había iniciado con Es mi hombre. Considerada por muchos como su obra maestra, tuvo un largo proceso de preparación debido a la laboriosa construcción de los decorados, ya que el director exigió una absoluta meticulosidad ambiental. Todo fue poco para rodar esta gran producción que contó con un altísimo presupuesto para la época que llegó a alcanzar las 940.000 pesetas, una auténtica fortuna para los años treinta, que se gastó en gran parte en reconstruir en los estudios de Cifesa parte de los ambientes madrileños, especialmente una calle completa por la que circula un tranvía tirado por mulas. El rodaje despertó tanta expectación que fue visitado por el ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes y por el alcalde de Madrid.