La película sigue la vida de Lidia Yuknavitch (Imogen Poots), una mujer que reconstruye su historia no como una secuencia ordenada de acontecimientos, sino como un flujo fragmentado de recuerdos, sensaciones corporales y emociones que emergen de forma abrupta, igual que el agua que da título a la obra. Lidia crece en una familia marcada por la violencia. Su padre es abusivo, controlador y emocionalmente devastador, mientras que su madre aparece ausente, incapaz de protegerla o de confrontar esa violencia. Desde muy joven, Lidia aprende que su cuerpo no le pertenece: es un espacio invadido, castigado y silenciado. Estos primeros años establecen el núcleo del trauma que atravesará toda su vida: una mezcla de miedo, culpa, vergüenza y rabia que no puede expresar con palabras. En la adolescencia, Lidia descubre la natación como una vía de escape. En el agua encuentra un lugar donde su cuerpo deja de ser vulnerable y se convierte en fuerza, ritmo y resistencia. La piscina funciona como un útero simbólico, un espacio de suspensión donde el dolor se amortigua y la mente se aquieta. Sin embargo, incluso este refugio se quiebra cuando una tragedia personal (la muerte de su hermana) y una serie de decisiones impulsivas la alejan de su prometedora carrera deportiva. El fracaso deportivo no se presenta como un simple revés, sino como una pérdida de identidad, un vacío que no sabe cómo llenar. Ya adulta, Lidia entra en una etapa de excesos, relaciones sexuales caóticas y consumo de alcohol y drogas. El sexo aparece menos como deseo que como repetición del trauma: una forma de anestesia, de castigo y, a veces, de control. Sus relaciones sentimentales son intensas pero inestables; se mueve entre la necesidad de ser amada y el impulso de sabotear cualquier vínculo que pueda implicar intimidad real, provocando una desconexión entre mente y cuerpo: Lidia vive fragmentada, incapaz de habitarse plenamente. Su comportamiento parece errático, pero responde a una lógica interna de supervivencia. Su punto de inflexión llega cuando Lidia se aproxima a la literatura y la escritura. En un entorno académico hostil y dominado por figuras masculinas autoritarias, encuentra a un mentor que, por primera vez, no intenta moldearla ni silenciarla, sino que la anima a escribir desde el cuerpo, desde el dolor, desde lo que no tiene forma. Escribir no la salva de inmediato, pero le ofrece un lenguaje alternativo para reorganizar su experiencia. A través de la escritura, Lidia empieza a entender que su vida no tiene que narrarse como una historia “normal” para ser válida: puede ser discontinua, caótica, rota. Lidia construye una relación amorosa más estable, pero incluso en ese contexto vuelve a enfrentarse a pérdidas devastadoras, incluida una experiencia de maternidad truncada que reactiva todos sus traumas previos. En su madurez, Lidia no aparece como una mujer “curada”, sino como alguien que ha aprendido a convivir con sus cicatrices. Comprende que el trauma no desaparece, pero puede transformarse en conocimiento, en voz, en creación. El agua deja de ser solo refugio o amenaza y se convierte en metáfora de su forma de existir: adaptable, violenta a veces, pero también vital y en movimiento constante. La película concluye sin una resolución clásica, subrayando que la vida de Lidia no es una línea ascendente, sino una cronología emocional, donde el pasado sigue filtrándose en el presente, pero ya no la define por completo.
COMENTARIO:
Un drama biográfico sobe la escritora Lidia Yuknavitch, que encontró la salvación, tras una infancia y juventud marcados por los abusos y adicciones, en la literatura y la natación y acabó convirtiéndose en una exitosa maestra, madre y escritora. Marca el debut en solitario de la actriz Kristen Stewart como directora de largometrajes, y es una obra que no pasa desapercibida: ambiciosa, experimental y profundamente personal. La película adapta la memoria de Yuknavitch, una narración que no sigue una línea argumental tradicional, sino que está tejida a partir de fragmentos de memoria, trauma y sensación. La actuación de Imogen Poots como Lidia es muy potente y funciona como el corazón emocional y la fuerza de la película. Su entrega física y emocional sostiene gran parte del filme y aporta una conexión visceral con el espectador. Stewart apuesta por una narrativa no lineal y sensorial; las imágenes, el uso del agua como metáfora y una estética en 16 mm. crean una experiencia que busca ser más evocadora que explicativa. La película no esquiva temas como abuso, trauma, sexualidad, adicción y pérdida, tratando de representar cómo la memoria y el pasado “golpean” el presente, más que contar hechos de forma cronológica.
Gran Bretaña – Francia -EE.UU. – Letonia / Drama / 128 min.
T.O.: The Chronology of Water
Dirección: Kristen Stewart
Intérpretes: Imogen Poots, Thora Birch, Jim Belushi, Charlie Carrick, Tom Sturridge, Susannah Flood, Esmé Creed-Miles, Kim Gordon, Michael Epp, Eleanor Hahn, Earl Cave, Esme Allen, Jeffrey Grinvalds, Ritvars Logins, Peter Rundle, Georgie Dettmer, Keanu Visscher, Alhena Al-Ali Douglas, Jeremy Ang Jones, Jen Dunlap, Alexander Johnson, Anna Wittowsky, Angelika Mihailova, Marlena Sniega, Brandon Colton, Igor Shelegovsky, Henrijs Arajs, Pēteris Dāvis, Rudolfs Racenajs, Mära McLaughlin-Taylor, Maggie McLean, Hal Weaver, George Steele, Reinis Bergs, Eliza Amman, Darta Stepanova, Dylan Meyer, Evelina Parkere, Omar Sanyang, Robert Henry Bugeja, Shane Row, Maria Giulietta Eller, Julienne Restall, Clifford Farrugia, Ranjani Brow, Jaquita Ta’le, Lynn Evans, Devika Parik, Freddy Kattumath James, Anton Lytvynov, Alina Lytvynova, Tetiana Lytvynova y Dominik Gabriel Roseti.
Guion: Kristen Stewart y Andy Mingo, basado en las memorias de Lidia Yuknavitch
Música: Paris Hurley
Temas musicales:
Premios:
Festival Internacional de Cine de Cannes: Seleccionada para la sedcción Un certain regard
Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci): Seleccionada para la Sección Oficial en concurso)
Estreno en España: 09-01-2026











