LA CINTA BLANCA

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    Titulo original: Das weisse Band - Eine Deutsche Kindergeschichte
    Año: 2009
    País: Austria – Alemania – Francia - Italia
    Duración: 144 min.
    Dirección: Michael Haneke
    Guión: Michael Haneke y Jean-Claude Carrière

    Intérpretes

    Christian Friedel, Leonie Benesch, Ulrich Tukur, Ursina Lardi, Fion Mutert, Michael Kranz, Burghart Klaußner, Steffi Kühnert, Maria-Victoria Dragus, Leonard Proxauf, Levin Henning, Johanna Busse, Thibault Sérié, Josef Bierbichler, Gabriela Maria Schmeide, Janina Fautz, Enno Trebs, Theo Trebs, Rainer Bock, Susanne Lothar, Eddy Grahl, Branko Samarovski, Birgit Minichmayr, Sebastian Hülk, Kai-Peter Malina, Kristina Kneppek, Stephanie Amarell, Aaron Denkel, Detlev Buck, Anne-Kathrin Gummich, Luzie Ahrens, Gary Bestla, Leonard Boes, Felix Boettcher, Sophie Czech, Paraschiva Dragus, Selina Ewald, Nora Gruler, Tim Guderjahn, Jonas Jennerjahn, Ole Joensson, Gerrit Langentepe, Lena Pankow, Sebastian Pauli, Franz Rewoldt, Kevin Schmolinski, Alexander Sedl, Nino Seide, Marvin Ray Spey, Malin Steffen, Lilli Trebs, Paul Wolf, Margarete Zimmermann, Carmen-Maja Antoni, Christian Klischat, Michael Schenk, Hanus Polak Jr., Sara Schivazappa, Marisa Growaldt, Vincent Krüger, Rüdiger Hauffe, Arndt Schwering-Sohnrey, Florian Köhler, Sebastian Lach, Marcin Tyrol, Sebastian Badurek, Krzysztof Zarzecki, Sebastian Pawlak, Lilli Fichtner, Amelie Litwin, Paula Kalinski, Vladik Otaryan, Peter Mörike, Hans-Matthias Glassmann, Nikita Vaganov y Mercedes Jadea Diaz.

    Premios

    Palma de Oro y Gran Premio Fipresci del Festival de Cine de Cannes. Nominada al Oscar a la Mejor Película en idioma extranjero y a la Mejor Fotografía.
    Globo de Oro a la Mejor Película en idioma extranjero.
    Premio Europeo del Cine a la Mejor Película, Mejor Director y Mejor Guión. Nominada a los Premios Europeos del Cine a la Mejor Fotografía.
    Nominada al Goya a la Mejor Pelicula Europea.
    Premio FIPRESCI a la Mejor Película.

    Sinopsis

    Una aldea protestante en el norte de Alemania. En 1913, en las vísperas de la Primera Guerra Mundial. La historia de los niños y adolescentes del coro del colegio y de la iglesia dirigido por el maestro (Christian Friedel), y de sus familias, el barón, el encargado, el médico, la comadrona, y los granjeros. En el lugar empiezan a pasar cosas extrañas que, poco a poco, toman el carácter de un castigo ritual. El doctor (Reiner Bock) sufre graves heridas al caerse del caballo al haber puesto alguien una cuerda atravesando el camino que provocó el tropiezo del animal. Una campesina muere en el molino que poseen los barones del lugar (Ulrich Tukur y Ursina Landi). Tras la extraña muerte, el pueblo comienza a especular, y el barón se aisla cada vez más. Sólo logra salir de su aislamiento con motivo de la fiesta anual del fin de la cosecha, en la que los jornaleros que explotan sus tierras, beben y se divierten. En ella, un borracho pisotea el huerto de la baronesa. Un incendio arrasa el establo de una de las familias de campesinos que trabajan para el barón. ¿Quién está detrás de todo esto? Mientras que el barón domina el pueblo y las relaciones entre los campesionos, mientras que el párroco (Burghart Klaußner) les domina sus conciencias.

    Comentario

    Nada bueno puede salir de un mundo de imposiciones; imponer está en las antípodas de educar, una ardua tarea ésta basada en enseñar a los niños a decidir ofreciéndoles, eso sí, desde el propio ejemplo a otras opciones distintas. Si hasta el maravilloso blanco y negro que utiliza Haneke parece decirlo a gritos: entre el blanco y el negro hay infinitos matices, el carril único conduce únicamente al desastre. Y esa es la inquietante propuesta de raíz, expresada ya, sin ir más lejos, por el director en “La pianista”, paradigma de la sumisión, en la escalofriante “Funny games”... la violencia en las relaciones humanas genera violencia siempre. De forma que este esplendoroso cuadro rural de la Alemania de principios del siglo XX que aquí nos pinta el maestro Haneke (magisterio ejerce aquí, y del mejor) además de robarnos el aliento por su belleza, nos deja boquiabiertos por su demoledora eficacia moral. Estéticamente ejemplar, sus fotogramas emparentan con la más brillante herencia europea, desde el expresionismo alemán a Dreyer o Bergman, y que Orson Welles eligió para su “Ciudadano Kane”. Ni un pero, ni una tacha que anotar, a “La cinta negrísima” ni en la elección de escenarios, de actores, la sucesión de secuencias…y ni una objeción a su impoluto guión que se traduce en un toque a la intransigencia. Decir que Haneke está disparando al nazismo es como coger el rábano por las hojas; las hojas, desde luego, son también la planta, pero tirando de ellas sale la raíz, que es lo que interesa. El chico de “Los cuatrocientos golpes” es un hijo ignorado por sus padres, un desvalido. Y desvalidos son igualmente los niños sobredirigidos de “La cinta blanca”, chicos sin argumentos; pero con rencor y una peligrosa recámara. Esto es en definitiva un majestuoso trallazo al uso de la fuerza y a la irresponsabilidad. ¿Y por qué Haneke lo suelta aquí y ahora?...