LA CHISPA DE LA VIDA

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    Titulo original: La chispa de la vida
    Año: 2011
    País: España
    Duración: 90 min.
    Dirección: Álex de la Iglesia
    Guión: Randy Feldman
    Música: Joan Valent

    Intérpretes

    José Mota, Salma Hayek, Fernando Tejero, Manuel Tallafé, Juan Luis Galiardo, Antonio Garrido, Blanca Portillo, Carolina Bang, Joaquín Climent, Santiago Segura, Angie Paul, Juanjo Puigcorbé, Cristina Alcázar, Elvira Lomba, Mila Natividad, Fernando Arenas, Javier Botet, Nerea Camacho, Antonio de la Torre, Eduardo Casanova y José Manuel Cervino.

    Premios

    Seleccionada, fuera de competición, para el Festival Internacional de Cine de Berlín. Nominada al Goya a la Mejor Interpretación Femenina Protagonista (Salma Hayek) y al Mejor Actor Revelación.

    Sinopsis

    Roberto (José Mota), un publicista en paro, es rechazado por todas las agencias en las que solicita trabajo. Su situación económica es desesperada. Ya nadie valora que fuera el creador del conocido slogan «la chispa de la vida» de Coca-Cola. Su mujer, Luisa (Salma Hayek), una profesora que ya solo hace suplencias, le sigue queriendo, pero Roberto, obsesionado por su situación laboral, no lo sabe apreciar. Tras visitar a algún antiguo amigo en busca de un trabajo que tampoco le ofrece, desesperado, decide coger su coche y viajar a Cartagena, en busca de aquel hotelito en el que pasó su luna de miel con su mujer. Pero todo ha cambiado. El hotel ya no existe y en su lugar se levanta un museo que acoge el anfiteatro romano de la ciudad. Llega en el momento preciso en que el alcalde de la ciudad (Juan Luis Galiardo) se dispone a inaugurar el museo en compañía de la directora de éste, Mercedes (Blanca Portillo), y ante cientos de medios de comunicación conscientes de que las prisas han hecho adelantar la apertura cuando las instalaciones están todavía inacabadas. Roberto es arrastrado por los tumultuosos periodistas con la mala suerte de que cuando quiere escapar de la multitud se mete en un lugar peligroso, es enganchado por una grúa y cae sobre un entramado metálico que le hace debatirse entre la vida y la muerte con una barra de hierro clavada en la cabeza. Queda atrapado de tal forma que ni el Samur, ni los bomberos, ni siquiera los médicos se ponen de acuerdo en cómo rescatarlo. Cualquier movimiento puede ser fatal. Lo absurdo y dramático del suceso provoca el interés de los medios de comunicación. El alcalde ve como la ceremonia se va a pique, y Mercedes está más preocupada por salvar las instalaciones de un anfiteatro que es Patrimonio de la Humanidad que la vida de un hombre. Roberto decide aprovechar su experiencia como publicista para explotar la situación, convirtiéndola en un espectáculo mediático. Para ello contrata a un representante, Johnnie (Fernando Tejero). La idea es simple: Vender la exclusiva a las televisiones y solucionar para siempre el futuro de su familia. Su idea es contratar una entrevista exclusiva con Rumore, rumore, el programa líder de la telebasura que se emite esa misma noche y lograr así un dinero para salir de apuros. Su mujer llega al lugar del accidente y asiste impotente al espectáculo que se ha generado alrededor de su marido. Intenta convencerle de que desista de su idea, pero la obsesión de Roberto por conseguir la exclusiva es cada vez mayor. También hacen de presencia sus hijos y cada vez hay más medios presentes en el anfiteatro romano. Sin embargo, las negociaciones con la televisión se eterniza, la hora del programa se aproxima, los intereses afloran y el rescate se complica.

    Comentario

    Animado tal vez por el circo que ambientaba su anterior largometraje, “Balada triste de trompeta”, Álex de la Iglesia monta ahora una parábola del circo humano que vivimos nada más salir del otro, del de la carpa. Pero con mucho más payasos, este de fuera. Porque eso, y no otra cosa, es “La chispa de la vida”: en lugar de una balada, un alarido brutal, discordante e hiperrealista (¿o no tanto?) contra lo que queda de nuestra enfangada existencia colectiva. Y, sin pensarlo dos veces, se zambulle el realizador bilbaíno en la cruda realidad de un pobre paria, un “descolocado social”, que acaba utilizando su propia desgracia y se presta a la más negra exposición pública como hombre/espectáculo, con la misma vergüenza -y también la misma esperanza-, que en sus tiempos mostrara “la mujer barbuda”. Los medios de comunicación, se viene a decir, tienen gran parte de culpa de la sobre exposición de la desdicha ajena, mucho más rentable, morbosa y atractiva que cualquier buena noticia. Naturalmente, atraídos como abejas a la miel, giran en torno al terrible suceso personal de Roberto todo tipo de elementos llamados “humanos” que sacan negocio hasta debajo de las piedras y desconocen la dignidad: el triste protagonista, la estricta gobernanta, el figurón pelele, el listillo de turno, el médico idiota…y un mar de espontáneos que apenas saben por qué, ni con quién, se solidarizan. Desde un estupendo José Mota pasando por Salma Hayek y un reguero de buenos y eficaces secundarios, se construye la caricatura de “la payasada nacional” no sin un cierto regusto a reiteración algo sabida. Demoledora moraleja, cuento sin esperanza y varapalo para todo el que asoma. Eso sí: con agilidad y mucha negrura.