Dos historias que se entrelazan en el instante en que la vida cambia para siempre, entre diagnósticos, despedidas, terapias y nuevas oportunidades. La primera tiene como protagonistas a Lucía (Manuela Viale), una artista que acaba de recibir un diagnóstico de cáncer, y Juan (Pablo Yotich), un mecánico que atraviesa también un proceso oncológico. Ambos se conocen en un grupo de terapia, un espacio concebido para compartir miedos, angustias y estrategias para sobrellevar una enfermedad que modifica radicalmente la percepción del tiempo. Allí, en medio de tratamientos, diagnósticos y conversaciones difíciles, surge entre ellos una relación afectiva que progresivamente se transforma en amor. Juan y Lucía tienen que enfrentarse a cuestiones mucho más concretas: el miedo a la muerte, las despedidas, la incertidumbre económica y las dificultades para conseguir los medicamentos necesarios. La enfermedad aparece, así, no solamente como una experiencia individual sino también como un problema social y sanitario. En paralelo está Cecilia (Magui Bravi), la terapeuta que coordina el grupo. Su posición aparentemente privilegiada —es quien escucha, contiene y orienta a los demás— empieza a resquebrajarse cuando descubrimos que ella misma atraviesa sus propias inseguridades y contradicciones. Su relación con Ferrero (Alejandro Fiore), su terapeuta, introduce otra dimensión del relato: incluso quienes aparentemente están preparados para acompañar a los demás necesitan ser acompañados. La película va enlazando ambas líneas argumentales para hablar de una idea sencilla pero poderosa: hay momentos en los que la vida puede cambiar literalmente de un instante a otro. Un diagnóstico, una conversación, una despedida o un encuentro pueden modificar para siempre la manera en que una persona entiende el presente. «Instante» no habla solamente del tiempo que dura un acontecimiento concreto, sino de esos pequeños puntos de inflexión que, vistos retrospectivamente, dividen una vida en un «antes» y un «después».
COMENTARIO:
Un melodrama emocional que articula dos historias que terminan encontrándose alrededor de una misma experiencia: la enfermedad (el cáncer), la incertidumbre y la necesidad de aferrarse a los vínculos cuando el futuro deja de parecer seguro: Intenta hablar de la enfermedad para hablar de la vida. Esa diferencia es importante porque el filme argentino podría haberse convertido fácilmente en un melodrama lacrimógeno sobre el cáncer. En lugar de eso, aunque no siempre consigue escapar de los mecanismos convencionales del género, busca poner el foco en algo más interesante: qué ocurre con las personas cuando de repente descubren que el tiempo ya no puede darse por descontado. Dirigida por Daniel Silveira, Pablo Bustos y Álvaro Galarza Lima, la película propone un relato coral en el que el amor funciona como forma de resistencia, pero no necesariamente como cura o solución mágica, y eso es probablemente su mayoracierto. Los dos protagonistas no están construidos exclusivamente alrededor de sus diagnósticos; son personas que aman, tienen miedo, se equivocan, desean, necesitan compañía y tratan de continuar con sus vidas mientras la enfermedad ocupa una parte enorme de ellas. La relación entre ambos constituye el corazón emocional de la película. Hay algo particularmente efectivo en la idea de que dos personas que se conocen precisamente cuando sus vidas parecen estar desmoronándose encuentren en el otro una razón para seguir mirando hacia delante. El filme acierta especialmente cuando no convierte ese romance en una fantasía de salvación. El cáncer no desaparece porque aparezca el amor. La enfermedad continúa ahí, junto con los tratamientos, los problemas económicos, las dificultades para acceder a medicamentos y la angustia de las familias. Esa voluntad de no romantizar completamente la enfermedad es uno de los aspectos que mejor funcionan en la película. Dentro de un reparto coral, Manuela Viale encuentra en Lucía un registro contenido, alejado de la tentación de convertir cada escena dramática en un momento de exhibición emocional. La interpretación funciona precisamente porque muchas veces el dolor aparece en pequeños gestos y silencios antes que en grandes discursos. También resulta interesante Pablo Yotich como Juan, particularmente en las escenas relacionadas con su hija Sofía. Es allí donde la película encuentra algunas de sus situaciones más humanas: cuando deja de hablar abstractamente de «la enfermedad» y muestra qué significa para una persona concreta pensar en quienes quedarán atrás. Magui Bravi, por su parte, tiene el desafío de interpretar a un personaje que ocupa una posición peculiar, una terapeuta, pero también es una persona vulnerable. Esa contradicción permite que la película introduzca una idea bastante rica: nadie posee realmente una posición de absoluta fortaleza frente al sufrimiento. Su mayor problema está en que cuenta demasiadas historias para una película de 94 minutos. El filme tiene que repartir su tiempo entre varias líneas argumentales, y eso hace que algunas situaciones tengan una evolución algo apresurada. La historia de Lucía y Juan posee suficiente fuerza para sostener por sí misma buena parte del relato, pero el filme incorpora además el conflicto de Cecilia, las cuestiones familiares y la dimensión social relacionada con los tratamientos, lo que la hace irregular en algunos momentos, pero recupera fuerza cuando vuelve a centrarse en sus personajes principales: Cuando «Instante» confía en sus personajes, funciona; cuando intenta subrayar demasiado su mensaje, resulta más convencional.
Argentina / Drama / 94 min.
T.O.: Instante
Dirección: Daniel Silveira, Pablo Bustos, Nicolás Cáceres Fazzolari, Santiago Foice, Álvaro Galarza, Pablo Yotich
Intérpretes: Magui Bravi, Alejandro Fiore, Pablo Yotich, Manuela Viale, Juan Paya, Luly Drozdek, Divina Gloria, Selene Moscardi, Héctor Ramallo, Mónica Salvador, Mosquito Sancineto y Pablo Sorennsen.
Guion: Juan Paya y Pablo Yotich.
Música: Marcelo Bórmida y Valentin Gabriel Liendo
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Estreno en España: 06-08-2026 (Prime Video)











