ELEFANTE BLANCO (2012)

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    Titulo original: Elefante blanco
    Año: 2012
    País: Argentina - España - Francia
    Duración: 106 min.
    Dirección: Pablo Trapero
    Guión: Pablo Trapero, Martín Mauregui, Alejandro Fadel y Santiago Mitre
    Música: Michael Nyman.

    Intérpretes

    Jérémie Renier, Ricardo Darín, Martina Gusman, Federico Barga, Walter Jacob, Mauricio Minetti,

    Premios

    Seleccionada para la Sección Un certain Regard del Festival de Cine de Cannes

    Sinopsis

    Nicolás (Jérémie Renier), un misionero católico, se encuentra desvastado porque el proyecto en la selva en que trabajaba ha fracasado y fuerzas parapoliciales asesinaron a parte de su equipo. Julián (Ricardo Darín), un sacerdote argentino amigo, que sabe que no le queda mucho tiempo de vida, acude para rescatarlo y le ofrece viajar con él e integrarse a su proyecto, pensando en que, cuando él falte, Nicolás le sustituya en su labor. Aunque sus caminos han sido distintos, comienzan a trabajar juntos en la Villa Virgen, un enorme asentamiento chabolista en los suburbios de Buenos Aires, donde las condiciones de hacinamiento y violencia crecen día a día. La villa es un territorio en constante lucha, por el narcotráfico, por la necesidad de subsistencia de los vecinos, pero también por los distintos actores políticos que ven en ese lugar de pobreza la posibilidad de sacar réditos. La construcción de un hospital público y el acto político en el que se anunciará, se convierten en el escenario donde se evidencian las diferencias entre lo que necesita la gente, lo que necesitan los políticos, y lo que es conveniente para el proyecto de la iglesia católica en los poblados chabolistas. Nicolás y Julián tratan de entender cuál es su rol dentro de la villa y empiezan a reconocer que tienen diferentes maneras de practicar su fe. Entre ambos, una mujer, Luciana (Martina Gusman), de 35 años, abogada y atea, con quien lucharan mano a mano contra la corrupción, mal endémico de la zona. Su trabajo les enfrentara a la jerarquía eclesiástica y a los poderes gubernamentales y policiales arriesgando su vida por defender su compromiso y lealtad hacia los vecinos del barrio, surgiendo una relación entre Nicolás y Luciana. Este enfrentamiento llega a su punto máximo cuando ambos se encuentran atrincherados en la capilla, protegiendo a un adolescente al que quieren asesinar. Al verse acorralados, a Nicolás no le queda otra opción que empuñar un arma. En esta historia, el mundo brutal e implacable de la villa, pondrá a prueba la fe y la amistad entre estos dos hombres.

    Comentario

    Se mueve Pablo Trapero como pez en el agua en mundos pequeños con protagonistas inmensos; y este “Elefante blanco” no es una excepción. Casi todos sus personajes son carne de penuria, gladiadores cotidianos que, si no al destino, sí le ganan siempre la batalla a la dignidad y al pundonor. Una especie de perdedores triunfantes o, si se quiere, de ganadores perdidos. Y de nuevo (como en “Mundo grúa”, “El bonaerense” o “Leonera”) coloca el foco sobre un mortal de una pieza, electrizante y desde luego, peleón. Esa es su fórmula y su fuerza. Aquí, el padre Julián, arquetipo de cura volcado en los necesitados, es el eje indiscutible del relato, basado en hechos reales. En torno suyo aparecen, sí, otros compañeros cuya misión no es más que la de perfilar y redondear la figura del primero, nacen ya como secundarios. Secundarios, claro está, de lujo -grande, Martina Gusman- como secundaria es igualmente la acción que les corresponde a cada uno ellos. Mientras, el núcleo central sigue intacto; y en manos del mayúsculo Ricardo Darín la verdadera historia del sacerdote Carlos Múgica se agiganta sin remisión. Podremos prescindir de algunos episodios, algunos personajes y hasta del capítulo amoroso, pero no de ese cura firme, entrado en años, plantado como chopo en el más penoso de los conflictos. Porque, a fin de cuentas, ahí queda ese “elefante blanco”, reventado, tendido a la intemperie, infrautilizado… como símbolo del fracaso, de un proyecto tan fallido en esa villa Ciudad Oculta, como tantos otros. Menos mal que nada tiene de fallido este de Pablo Trapero.