EL SKYLAB (2011)

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    Titulo original: Le Skylab
    Año: 2011
    País: Francia
    Duración: 113 min.
    Dirección: Julie Delpy
    Guión: Julie Delpy
    Música: Matthieu Sibony Temas musicales. "La ballade des gens heureux", interpretado por Albert Delpy.

    Intérpretes

    Lou Alvarez, Julie Delpy, Eric Elmosnino, Aure Atika, Noémie Lvovsky, Bernadette Lafont, Emmanuelle Riva, Vincent Lacoste, Marc Ruchmann, Sophie Quinton, Valérie Bonetón, Denis Menochet, Jean-Louis Coello`ch, Michèle Goddet, Luc Bernard, Albert Delpy, Candide Sanchez, Lily Savey, Chloé Antoni, Maxime Julliand, Félicien Moquet, Antoine Yvard, Anne-Charlotte Moquet, Angelo Souny, Léo Michel-Freundlich, Noah Huntley, Karin Virad, Roland Menou, Julian Blight, Christian Erickson, Paul Bandey, Jérôme Chappatte, Lee Delong, Lisa Jacobs, Franck Mercadal, Hélène Milano y Aramis Bakchev-Arcé.

    Premios

    Premio Especial del Jurado del Festival Internacional de Cine de San Sebastián.

    Sinopsis

    Julio de 1979, Albertine (Lou Alvarez) es una niña de diez años que asiste a la celebración familiar del cumpleaños de su abuela en la casa familiar de la Bretaña francesa. Todos creen que el Skylab, el laboratorio espacial lanzado por la Nasa años antes, y del que se ha anunciado su precipitación sobre la Tierra, sin que sea posible determinar el lugar sobre el que va a caer, se precipitará sobre ellos esos días. Aquella reunión se convertirá en un animado fin de semana de revelaciones, amor y canciones, con comidas interminables de la bulliciosa familia en el jardín de la casa durante las que se producen discusiones airadas sobre política, racismo, sexualidad y educación, que sirven para transmitir las angustias de los adultos a los hijos, pendientes de todo, con el descubrimiento del sexo para los más pequeños, aunque sea en una playa nudista, con las fiestas para los más jóvenes, con sus bailes y primeros enamoramientos….. Una pintoresca crónica familiar recordada por una Albertine (Karin Virad) ya adulta, que es también la crónica de una época particular, durante un viaje en tren, recuerda aquellos días.

    Comentario

    Antes incluso de ponerse a escribir, Julie Delpy gana la partida porque la historia de esa familia normal y corriente –la de la inmensa mayoría- juega la baza de la sinceridad. Desde el primer momento todo es creíble en ese complejo y bullicioso verano del 79, plagado de hilos emocionales, de diferencias, tensiones… pero encarados con un humor inteligente que los salva. Y no es que la autora soslaye temas espinosos o incluso cruciales, en absoluto; es sólo que el anecdotario doméstico cruza a golpe de sonrisa, y hasta de carcajada, todo el metraje. Impecable, por otra parte, la reconstrucción visual y musical de la época; excelente, el reparto de actores; y simplemente espléndidos los personajes y los momentos que cada uno de ellos nos regala realzando su figura: desde la entrañable gafitas preadolescente al primo chulito que muerde el polvo en casa, pasando por el padre progre, el padre regre, el tío “tocado” o la abuela despistada. Con tanto individuo absolutamente individual, también se carga la atmósfera de nubarrones y hay tormenta, no sólo meteorológica, se enconan las posturas, las palabras y cuando la matriarca estalla en un “…¡no lo aguanto más!” siguen a lo suyo, como si tal cosa. Plagada de anécdotas caseras (la divertida demostración del moderno aspirador, o la fascinante narración del cuento de la sirena) a base de ilustraciones como estas, Delpy recuerda la vieja costumbre de hablar en familia y muchas otras cosas. Sólo pretende ilustrar una época, la suya. Lo consigue al cien por cien, sin nostalgias, sin empalagos y sin dramas. Una irrelevancia relevante.