El aclamado director de cine Esteban Martínez (Javier Bardem) es una leyenda tanto por sus películas como por un pasado marcado por la violencia y los excesos. En su nuevo proyecto, le ofrece un papel a su hija Emilia (Victoria Luengo) con el pretexto de ayudarla a relanzar su estancada carrera como actriz y que ahora trabaja como camarera. Padre e hija llevan trece años sin verse. Entre ambos existe una distancia que no es solamente física: es la consecuencia de una historia familiar marcada por el abandono, el resentimiento, la culpa y una relación paterna profundamente problemática. Esteban regresa a España para rodar la nueva película. Es un cineasta prestigioso, acostumbrado a que su talento justifique sus excesos y a ejercer una autoridad casi absoluta en los rodajes. Su pasado, sin embargo, está marcado por la violencia, el alcohol, el ego y determinados comportamientos que han dejado heridas en las personas que estuvieron a su alrededor. En ese contexto, la propuesta que le hace a su hija Emilia es aparentemente generosa: quiere que protagonice su nueva película. Para ella supone una oportunidad profesional extraordinaria. Emilia es una actriz prácticamente desconocida, con dificultades para encontrar trabajo, y el proyecto de su padre podría significar el salto profesional que lleva años esperando. Pero la oferta contiene una segunda intención. Esteban parece buscar también una forma de recuperar a la hija que perdió. El rodaje se convierte así en un territorio ambiguo: puede ser una oportunidad para que Emilia relance su carrera, pero también una especie de experimento mediante el cual el padre pretende reconstruir una relación destruida durante más de una década. Todo comienza con una conversación de aproximadamente veinte minutos en un restaurante. Esteban y Emilia están frente a frente, pero parecen incapaces de mirarse realmente. El diálogo está lleno de silencios, reproches, incomodidades y frases aparentemente casuales que dejan entrever una historia mucho más dolorosa. La escena funciona como una radiografía de la relación: Esteban habla desde la seguridad que le proporciona su éxito; Emilia escucha desde el resentimiento de quien ha crecido sin su padre. A partir de ahí, la acción se traslada principalmente a Fuerteventura, donde se rueda la película ambientada en el Sáhara español. El cine dentro del cine se convierte en el escenario donde se desarrolla el conflicto familiar. Esteban dirige, Emilia interpreta y, alrededor de ellos, trabajan actores, técnicos y productores que van quedando atrapados en las tensiones del padre y la hija. El rodaje comienza a revelar progresivamente quién es realmente Esteban. Su enorme talento como director convive con una personalidad autoritaria, irascible y manipuladora. Tiene dificultades para controlar sus impulsos y para aceptar que otras personas puedan cuestionar sus decisiones. El hombre que pretende recuperar a su hija es, al mismo tiempo, alguien que sigue reproduciendo las mismas formas de violencia que probablemente contribuyeron a destruir la relación. Emilia, por su parte, se encuentra atrapada en una contradicción. No quiere convertirse en víctima de su padre otra vez, pero tampoco puede desprenderse completamente de la necesidad de ser reconocida por él. Existe en ella una mezcla de amor, rabia, admiración, miedo y deseo de reparación. Su relación con Esteban no puede reducirse a la oposición entre una víctima y un verdugo: precisamente ahí reside una de las complejidades de la película. El rodaje funciona como una especie de campo de batalla emocional. Las escenas que Esteban dirige terminan reproduciendo, de manera metafórica o directa, los conflictos que existen entre los dos. El director utiliza el trabajo de los actores para buscar emociones auténticas, pero esa búsqueda artística se convierte en ocasiones en una forma de violencia.
COMENTARIO:
La historia de un padre, una hija y el cine como campo de batalla es el núcleo central de esta película de Rodrigo Sorogoyen. Hay algo paradójico en ella: es una película sobre un hombre que pretende recuperar a su hija y, sin embargo, durante buena parte de su metraje parece incapaz de comprenderla. Esa paradoja constituye el núcleo de la nueva película de Rodrigo Sorogoyen, una obra mucho más íntima que «El reino» o «As bestas», pero que conserva del director madrileño su capacidad para convertir una situación cotidiana en un espacio de tensión casi insoportable. Sorogoyen y su habitual coguionista, Isabel Peña, construyen un drama sobre la paternidad, pero también sobre el poder. Esteban no es únicamente un padre ausente: es un hombre acostumbrado a mandar. Su condición de director de cine prestigioso le ha permitido convertir su personalidad en una forma de autoridad. Allí donde debería existir una relación afectiva aparece constantemente una relación de poder. Esto es una de las grandes virtudes de la película: el conflicto familiar y el conflicto profesional son exactamente el mismo conflicto. El director Esteban (interpretado por Javier Bardem) dirige a los actores como dirige su propia vida. Quiere controlar la escena, la emoción, el comportamiento de los demás y, finalmente, también la relación con su hija Emilia (Victoria Luengo) que, en cambio, intenta recuperar el control de su propia vida precisamente enfrentándose al hombre que durante años lo ejerció sobre ella. Javier Bardem está extraordinario. Su Esteban puede ser encantador en un momento y aterrador al siguiente. No es un villano de manual, y eso hace que resulte más inquietante. Tiene capacidad para querer a su hija, incluso parece quererla sinceramente, pero su manera de querer está contaminada por el ego, el alcohol, la violencia y la incapacidad de reconocer sus propios errores. El actor trabaja con la contradicción. Esteban puede transmitir ternura y amenaza prácticamente en el mismo gesto. Es un personaje que desea ser querido pero que, paradójicamente, no sabe comportarse de una manera que haga posible ese amor. Victoria Luengo está a la altura del desafío. Emilia es un personaje más silencioso que Esteban, y esa diferencia es esencial. Bardem ocupa físicamente el espacio; Luengo muchas veces lo resiste. Su personaje vive una contradicción dolorosa: necesita alejarse de su padre, pero al mismo tiempo necesita que él la reconozca. Quiere ser actriz por sí misma, pero la oportunidad profesional que puede cambiar su carrera procede precisamente del hombre del que intenta emanciparse. La actriz consigue que esa contradicción no se convierta en un simple recurso dramático. Emilia puede parecer fría, agresiva, vulnerable o autodestructiva, y esas facetas conviven porque su comportamiento nace de una herida que nunca ha terminado de cerrarse. Otro de los aspectos más inteligentes de «El ser querido» es la utilización del cine dentro del cine. El rodaje se convierte en una metáfora de la relación entre Esteban y Emilia. El padre dirige y la hija interpreta: es decir, incluso dentro de la ficción que están creando, él ocupa el lugar del que controla y ella el de quien debe obedecer, por lo que el cine se convierte así en una especie de terapia imposible. Esteban cree que puede utilizar una película para recuperar a su hija y Emilia descubre que quizá tenga que utilizar esa misma película para enfrentarse a él, una idea poderosa porque permite a Sorogoyen hablar simultáneamente de familia, creación artística y poder. Además, la película presenta una mirada poco romántica sobre el mundo del cine. El rodaje aparece como un trabajo agotador, lleno de esperas, repeticiones, tensiones y jerarquías. No hay demasiada idealización del proceso creativo. La película plantea numerosos asuntos —la paternidad, el abandono, la masculinidad tóxica, el abuso de poder, el alcohol, la industria cinematográfica, el colonialismo implícito en la película que se está rodando—, pero no todos reciben la misma profundidad. Lo más interesante de «El ser querido» es que no habla realmente de una reconciliación, habla de la imposibilidad de recuperar trece años de ausencia. Sorogoyen convierte el rodaje de una película en el último intento de un padre por recuperar a una hija que ya ha aprendido a vivir sin él. Convivir en el set fomentará una cercanía que no han compartido en años, pero también reabrirá viejas heridas que nunca cicatrizaron.
España – Francia / Drama / 135 min.
T.O.: El ser querido
Dirección: Rodrigo Sorogoyen
Intérpretes: Javier Bardem, Victoria Luengo, Raúl Arévalo, Marina Foïs, Mourad Ouani, Raúl Prieto, Melina Matthews, Laura Birn, Núria Prims, Pablo Gómez-Pando, Malena Villa, Pepa Gracia, Didier Maes, Nourdin Batan, Pablo Chaves, Timothy Cordukes, Conchi Espejo, Raquel Ferri, Miguel Garcés, Oommen Jacob, Agustín Otón, Ana Duato, Claudio Villarrubia, Juan Vinuesa y Saibon Wang.
Guion: Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen
Música: Olivier Arson
Temas musicales:
Premios:
Festival Internacional de Cine de Cannes: Seleccionada para la Sección Oficial en competición.
Estreno en España: 26-08-2026











