EL ESCRITOR (THE GHOST WRITER)

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    Titulo original: The Ghost Writer
    Año: 2010
    País: Alemania – Francia – Gran Bretaña
    Duración: 128 min.
    Dirección: Roman Polanski
    Guión: Roman Polanski y Robert Harris, basado en la novela de Robert Harris "The Ghost".
    Música: Alexandre Desplat.

    Intérpretes

    Ewan McGregor, Pierce Brosnan, Jon Bernthal, Kim Cattrall, Tim Preece, James Belushi, Olivia Williams, Timothy Hutton, Anna Botting, Tom Wilkinson, Yvonne Tomlinson, Eli Wallach, Milton Welch, Tim Faraday, Alister Mazzotti, Marianne Graffam, Kate Copeland, Soogi Kang, Lee Hong Thay, John Keogh, Jaymes Butler, Hans-Peter Sussner, Stuart Austen, Morgane Polanski, Andy Güting, Robert Wallhöfer, Glenn Conroy, Robert Seeliger, David Rintoul, Clayton Nemrow, Julia Kratz, Nyasha Hatendi, Daphne Alexander, Angelique Fernandez, Anne Wittman, Robert Pugh, Michael S. Ruscheinsky, Mo Asumang, Sylke Ferber, Desirée Erasmus, Errol Shaker, Errol Harewood, Talin Lopez, Joel Kirby, Regine Hentschel, Jeff Burrell, Daniel Sutton, Eben Young, Martin Hentschel y Cecilia Pillado.

    Premios

    Oso de Plata al Mejor Director en el Festival Internacional de Cine de Berlín. Premio al Mejor Guión, a la Mejor Dirección, al Mejor Actor (Ewan McGregor), a la Mejor Banda Sonora, a la Mejor Dirección Artística y a la Mejor Película en los Premios Europeos del Cine. Nominada al Mejor Montaje.
    Nominada al Goya a la Mejor Película Europea.
    Premio César de la Academia de Cine Francés al Mejor Director, al Mejor Guión Adaptado, a la Mejor Música y al Mejor Montaje.

    Sinopsis

    Cuando a un escritor (Ewan McGregor) le ofrecen el trabajo de escribir las memorias de Adam Lang (Pierce Brosnan), un controvertido antiguo primer ministro británico, la idea no acaba de convencerle desde un primer momento, empezando por el hecho de que la última persona que intentó realizar el encargo acabó muerta, aparentemente tras caer desde un ferry. Pero el escritor, como se refieren al personaje en todo momento, acepta el encargo igualmente, ya que su agente asegura que es una gran oportunidad por la que le pagarán generosamente, aunque sea un trabajo duro. La editorial de Londres le exige que el libro esté terminado en menos de un mes, por lo que no le queda más remedio que viajar a Estados Unidos esa misma noche para ponerse a trabajar, concretamente a la casa del propio editor en una isla de la costa este, donde el antiguo primer ministro se aloja durante una gira de conferencias por Estados Unidos. De inmediato, las cosas empiezan a torcerse. Primero, asaltan al escritor de camino a su casa. Luego, mientras espera a que salga su vuelo en el aeropuerto de Heathrow, se entera de las últimas noticias sobre Lang en una televisión del aeropuerto: el antiguo primer ministro ha sido acusado de capturar ilegalmente a sospechosos de terrorismo en Pakistán y entregárselos a la CIA para que los torture, una alegación que, de ser cierta, lo convertiría en un criminal de guerra según las leyes internacionales y británicas. Robert Rycart (Robert Pugh), antiguo ministro de exteriores del gabinete de Lang fomenta estas sospechas. A su llegada a los Estados Unidos, de camino a la isla, el escritor se encuentra montado en el mismo ferry desde el que el anterior escritor en la sombra, Mike McAra, supuestamente cayó dos semanas antes. Al llegar a la mansión de lujo del editor, el escritor la encuentra bajo estrictas medidas de seguridad, vigilada por un equipo de agentes británicos. También encuentra una atmósfera de descontento. Lang y su mujer, Ruth (Olivia Williams), tiene problemas de pareja, y Lang tiene una aventura con su asistente personal, Amelia Bly (Kim Cattrall). Amelia hace firmar al escritor un acuerdo de confidencialidad antes de mostrarle el manuscrito, y tiene que prometer no sacarlo del edificio. Se acomoda para ponerse a trabajar, y queda pasmado y espantado por lo insulso y mal escrito que está el libro. Al día siguiente, tiene su primera sesión de entrevista con Lang, en la que graba la conversación y toma anotaciones, que utilizará para escribir su propia versión de las memorias. Lang le cuenta que no le interesó la política hasta que se enamoró de una chica que hacía campaña entre los votantes de unas elecciones locales. Esa chica, explica, era Ruth, convertida ahora en su mujer. Más tarde, la polémica política que gira en torno a Lang se intensifica cuando Richard Rycart, pide al Tribunal Penal Internacional de La Haya que investigue la supuesta implicación de Lang en los tristemente famosos vuelos secretos de la CIA. Se desata un auténtico torbellino en los medios, y El Escritor acepta escribir una declaración para los medios en nombre de Lang que refuta todas las acusaciones de Rycart. Tras descubrir que su habitación en el hotel de la isla ha sido registrada, al escritor le sugieren que.aloge en la casa de la playa. Después de que Lang y su séquito partan rumbo a Washington en busca de apoyo político, el escritor encuentra un sobre que contiene parte del material de documentación de McAra, donde se incluyen fotos antiguas de los tiempos de Lang en Cambridge y una fotocopia de su carnet original de miembro del partido. Pronto empieza a sospechar que la muerte de McAra podría no haber sido un accidente ni un suicidio y decide ponerse a investigar. El navegador del coche que le han dejado empieza a darle instrucciones paso a paso para llegar a su último destino. El Escritor intenta desactivar el sistema de navegación, pero acaba por desistir y decide ver adónde le lleva. En vez su hotel, el coche le lleva a la terminal del ferry. A estas alturas, el escritor sospecha que está siguiendo la misma ruta que tomó McAra la noche de su muerte. Sube en el ferry y continúa siguiendo las instrucciones del sistema de navegación, hasta llegar a su destino: una recóndita casa en un camino rural cerca de Boston.

    Comentario

    Como en los mejores tiempos -los de “Chinatown” sin ir más lejos- Polanski hace un alarde de autoridad, agarra al espectador desde el primer minuto y ya sin remisión consigue atarlo a esta brillante intriga política trufada de momentos álgidos, diálogos impecables, rápidos, tocados de cierto humor socarrón, y demuestra de paso un absoluto dominio del ritmo narrativo. Y para mayor eficacia, con verdadera inteligencia formal (se trata sobre todo de enganchar y seguir el hilo) le da a la puesta en escena una factura clásica, sobria, alejada de esa tediosa espectacularidad ahora tan en uso, potenciando así muy hábilmente el efecto primordial, que es ni más ni menos que la tensión. Y la atención. Todo está medido y al servicio del relato, un gran fresco, por cierto, de ambición y poder, un espléndido laberinto humano lleno de matices y guiños, que no precisa de mayores adornos. A esa intención de austeridad y de respeto al original contribuye no poco la elección de un gran reparto, en el que encajan con naturalidad los más dispares actores; aunque, la verdad, Ewan McGregor clava al protagonista, ese titubeante escritor de medio pelo, entre pardillo y espabilado, con cara de llevarse todos los sopapos. Y Pierce Brosnan (el físico siempre le condicionó) borda al elegante ex Premier dotado de un aplomo no siempre tan sólido. Si se acerca, o no, a Tony Blair no importa en absoluto. Pero ojo con el título en español, tan neutro: el original es “El escritor fantasma” por evidentes motivos. Aunque eso sea sólo un detalle casi mínimo ante un Polanski casi máximo.