EL BAILE DE LA VICTORIA

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    Titulo original: El baile de la Victoria
    Año: 2009
    País: España
    Duración: 127 min.
    Dirección: Fernando Trueba
    Guión: Fernando Trueba, Jonás Trueba y Antonio Skármeta, basado en la novela homónima de Antonio Skármeta

    Intérpretes

    Ricardo Darín, Abel Ayala, Miranda Bodenhofer, Ariadna Gil, Julio Jung, Mario Guerra, Marcia Haydée, Luis Dubó, Luis Gnecco, Mariana Loyola, Gloria Münchmeyer, Gregory Cohen, Catalina Guerra, Catalina Saavedra, Sergio Hernández, Ernesto Malbran, Samantha Sánchez, Oscar Zimmermann, Lía Maldonado, Juan Ignacio Jorquera, Antonio Skármeta y Pancho González.

    Premios

    Presentada, fuera de concurso, en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Nominada al Goya a la Mejor Película, al Mejor Director, Mejor Actor de Reparto (Ricardo Darín), Mejor Guión Adaptado, Mejor Montaje, Mejor Dirección Artística, Mejor Diseño de Vestuario, Mejor sonido y Mejor Diseño de Producción.

    Sinopsis

    Con la amnistía para los presos sin delitos de sangre decretada con motivo de la reinstauración de la democracia en Chile, dos reclusos salen de la cárcel, y sus caminos se acabarán encontrando: Uno es Nicolás Vergara Grey (Darín), un famoso ladrón mediático, experto en reventar cajas fuertes, que solo quiere recuperar a su mujer, Teresa Capriatti (Ariadna Gil), ahora en brazos de otro hombre, y a su hijo, para lo que su popularidad le estorba bastante. El otro es Ángel Santiago (Abel Ayala), un joven ladrón, encarcelado por robar un caballo, de quién Santoro (Julio Jung), el alcaide de la prisión ha abusado sexualmente, que buscará a Vergara Grey con un plan infalible para llevarse el botín amasado por los prebostes de la dictadura pinochetista. En su camino, Ángel se encontrará con Victoria Ponce (Miranda Brondenhöfer), una joven huérfana y muda a raíz de un pasado traumático, que vive en la calle y que sueña con ser bailarina que es acogida en la escuela de danza que dirige una veterana bailarina (Marcia Haydée). Ángel se enamorará instantáneamente de Victoria, por lo que intenta que sea admitida en el Conservatorio Municipal. La joven logra presentarse a las pruebas de admisión, pero cuando el tribunal descubre su origen humilde y su mufez, la rechaza violentamente. Vergara Grey, secuestrará el Teatro Municipal y logra que un prestigioso crítico de danza, Coppeta (Antonio Skármeta) asista como único espectador al baile de victoria en el escenario del teatro. Las vidas de Ángel, Vergara Grey y Victoria sufrirán un cambio total que les llevará a enfrentarse con un nuevo destino.

    Comentario

    Olvidemos las supuestas fidelidades a la obra original, olvidemos incluso la imperfecta novela de Skármeta y seamos medianamente justos recordando por enésima vez que una adaptación al cine es sólo el aroma de la primera creación, el aire nuevo que le aporta el realizador. Sólo -y nada menos- que eso. Aromas (“Belle époque”, “La niña de tus ojos”...) tuvo Fernando Trueba para dar y tomar; un crea dor de imágenes sensitivo y de especial olfato cinéfilo. Pero esta vez algo ha fallado. Y, si no fuera demasiado rebuscar, diríase que el fallo empezó no tanto desde el guión como desde la dirección de actores y desde el reparto incluso. La sensación más fuerte que permanece después de ver “El baile de la Victoria” es la de que los tres personajes podrían dar buen juego; pero traducidos a imágenes, y sobreactuados los actores en más de un caso, aparecen como fruto, o de una rara estilización, o de un mero embrollo: Vergara Grey (no, Darín) sube al principio y se desinfla luego como un souflé hasta quedarse sin cuerpo; Ángel (Abel Ayala) de tan gratuitamente candoroso resulta casi plano; y Victoria (Miranda Bodenhöfer) carne evidente de vibración, no traspasa la barrera de lo emotivo. Vemos a los tres ahí, dolientes, distantes y perdidos, rehaciendo sus averiadas vidas... y sin embargo no nos arrebata ninguno. Claro que la dispersión narrativa también hace lo suyo: no se acaba de ahondar, de rematar el dibujo y ni siquiera el pretexto del robo parece válido; no hay, por tanto, lugar para la magia, la tensión, ni para la complicidad con esos descentrados. Y así, “El baile...” se nos queda en apenas una mustia coreografía, unos tímidos pasos, que no acaban de elevarse y levantar el vuelo.