El 9 de enero de 1993, el médico Jean-Claude Romand (Daniel Auteuil) asesinó a su esposa, a sus hijos, a sus padres y a su perro, e intentó, sin éxito, suicidarse. Los barbitúricos que se tragó estaban caducados. Y las autoridades llegaron a tiempo para rescatarle con vida. Las investigaciones demostraron que el intachable y respetable Romand nunca había sido médico, como sostuvo durante 18 años, ni era ninguna otra cosa. Su vida entera fue una imponente construcción de fantasía y engaño, una fachada demente, incluso para sus seres más queridos. Romand estaba ahogado por las deudas desde hacía mucho tiempo, se veía con una amante en sus misteriosos viajes a París y no era ese médico ilustre que asistía a importantes congresos internacionales, ni siquiera había aprobado el primer año de medicina. Por ello, cuando la verdad es inevitable que salga a la luz, se derrumba en una explosión de violencia y asesina a los suyos. Así, prefirió deshacerse de todos aquellos cuya opinión era más importante para él. Quiso que se fueran del mundo con su versión maquillada de los hechos a que se dieran cuenta de quién era realmente y matarlos de pena.
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