DESMEMBRADOS

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    Titulo original: Severance
    Año: 2006
    País: EE.UU.
    Duración: 90 min.
    Dirección: Christopher Smith.
    Guión: Christopher Smith y James Moran, basado en una historia de James Moran
    Música: Christian Henson. Temas musicales: "Itchycoo Park", interpretado por The Small Faces; "Már Minálunk Babám"; "Word Up", interpretado por Cameo; "Stars and Stripes Forever"; "We'll Meet Again", interpretado por Ed Harcourt; y "Summertimin'", interpretados por Caroline Lost & Elio Pace.

    Intérpretes

    Toby Stephens, Claudie Blakley, Andy Nyman, Babou Ceesay, Tim McInnerny, Laura Harris, Danny Dyer, David Gilliam, Juli Drajkó, Judit Viktor, Sándor Boros, Levente Törköly, János Oláh, Attila Ferencz, Bela Kasi, Roland Kollárszky, Péter Katona, Levente Lezsák, Nick Greenall, Matthew Baker, Steve Dawson, John Frankish, Johnnie Schinas, Leon MacPherson, Arnold Zarom, Laura Bushell, John Cole, Murray Golding, Jamie Higgins, Nerys Martin, Stephanie Ratcliff y Cindi Svensson.

    Sinopsis

    Dos chicas, Olga (Júli Drajko) y Nadia (Judit Viktor), y un hombre grueso ya en la cincuentena, George Cinders (David Gilliam), corren despavoridos por el bosque huyendo de un agresor desconocido. Las dos jóvenes caen en un foso para osos camuflado, pero George, preso de desesperación por huir, se niega a echarles una mano. Mientras las chicas se desnudan y hacen con las prendas atadas unas a otras una cuerda improvisada para escapar, George cae súbitamente en una trampa. Colgado de un árbol cabeza abajo, tiene tiempo de ver acercarse al asesino blandiendo un machete y dispuesto a asestarle un golpe brutal… Dando bandazos, un autocar se aleja del ajetreo de Budapest dirigiéndose hacia la frontera de las montañas. A bordo se hallan siete trabajadores de una empresa internacional fabricante de armas, Palisade Defence, suministradora en todo el globo de armamento innovador desde hace 75 años de devastadoras guerras. El afortunado grupo ha sido invitado por su presidente, George Cinders, a pasar un fin de semana en la nueva y lujosa casa rural con aguas termales con objeto de desarrollar unas sesiones de teambuilding (trabajo en equipo para estudiar nuevas estrategias y reforzar lazos de los integrantes). Al ver el nuevo video de la corporación, presentado por George, los distintos niveles de atención evidencian el temperamento de cada uno del grupo: El Sr. Arréglalo todo y jefe de contabilidad, Gordon (Andy Nyman), está absolutamente impresionado al ver a su jefe hablar del futuro del arte de la guerra. El administrador pelotillero Richard (Tim McInnerny) instruye a su ayudante extremadamente escéptico, Billy (Babou Ceesay), para que envíe a George una memoria lisonjera. El cínico vendedor Harris (Toby Stephens) ignora deliberadamente la pantalla y lee el diario, mientras Jill (Claudie Blakley), la conflictiva pacifista del grupo, apenas puede disimular el rechazo ante las estúpidas imágenes que se suceden. La dinámica supervisora Maggie (Laura Harris) no cesa de trabajar, como es de esperar. Mientras tanto, Steve (Danny Dyer), el desconocido del grupo, navega por Internet para conseguir algunas acompañantes con miras a tener un poco de diversión privada durante el fin de semana. De súbito, el autocar chirría hasta detenerse bruscamente ante un árbol caído que bloquea la carretera. El conductor se niega a tomar la ruta alternativa y obliga a sus pasajeros a que se bajen del vehículo, vaciando el maletero y dejándolos en la cuneta para que se las arreglen por sí mismos en un terreno absolutamente desconocido y un tanto misterioso. Tras analizar un mapa de la zona, todo parece indicar que el lujoso refugio campestre no se halla demasiado lejos, así que se adentran en los bosques resiguiendo un supuesto atajo. No tardan en perderse. Steve asegura que un hombre amenazante vestido de uniforme y pasamontañas ha reptado sigilosamente hasta él. Pero Maggie aduce que esta visión alarmista se debe al hecho de que Steve ha ingerido unas setas mejicanas mágicas y lo que sencillamente ocurre es que está alucinando. Para impedir más devaneos alucinógenos, Maggie ata una cuerda a la muñeca de Steve y usa la misma como una correa de perro, sin embargo, él está convencido de que alguien siniestro les está siguiendo. Al toparse con un edificio de hormigón nada acogedor en medio de un claro del bosque, Richard tiene que sudar lo suyo para persuadir a sus escépticos empleados de que han llegado al refugio lujoso; el maltrecho y sucio grupo acaba por instalarse a desgana. Harris logra que el generador funcione; en su exploración ha descubierto un sótano lleno de archivos en ruso con un logo parecido al de Palisade. Mientras tanto, el trip de Steve sigue intensamente activo y comienza a ver dobles de sí mismo en todas partes del lugar, por lo que trata de calmarse dando buena cuenta de sus ocultas existencias de marihuana. Analizados los misteriosos documentos del polvolriento archivador del sótano, Harris informa al grupo de que cree que el horrible refugio en el que se hallan es un viejo manicomio. Cuando el hambriento equipo ataca un pastel de carne preparado por Gordon, Harris narra una historia ocurrida antes de la Primera guerra mundial para respaldar su teoría. Al parecer, los locos se apoderaron del asilo y Palisade los eliminó por medio de un gas venenoso cuando fueron contratados por el gobierno para poner solución al problema. Pero hubo el rumor de que uno de los locos sobrevivió, y que no se detendrá hasta haber eliminado a cada uno de los empleados de Palisade. Jill se muestra desdeñosa ante la impertinencia con que Harris ha narrado una historia seria, ya que ella misma ha escuchado otra parecida. La suya acontece a primeros de la década de los 90, tras el derrumbamiento de la Unión soviética, cuando edificios como el que se hallan se usaban como centros de detención para criminales de guerra todavía adictos a la violencia. Estas prisiones improvisadas estaban destinadas a curar a los presos de su descontrolada sed de sangre. Según Jill, Palisade no los mató, pero el gobierno sí mediante el uso de armas de Palisade. Sin embargo, para Steve no existe tal teoría de la conspiración; está claro que aquella guarida en una ocasión fue una clínica sexual. En la década de los 60, hospitales privados para hombres viejos pero adinerados proliferaron por la zona regidos por rollizas enfermeras tan frustradas sexualmente por falta de hombres jóvenes que, habiéndolo intentado con sus pacientes entrados en años sin resultado satisfactorio, no tuvieron otra opción que convertirse en lesbianas ninfomaníacas y dejar que sus envejecidos pacientes murieran. Aquella ronda de teorías entre serias e insensatas se termina traumáticamente cuando Steve halla en un pedazo del pastel un diente humano, que definitivamente no es suyo. Entonces, Gordon admite habérselo encontrado en el horno y simplemente haberlo calentado entendiendo que se trataba de un obsequio de bienvenida, y se extiende el convencimiento de que han podido estar comiendo carne humana. Más tarde, aquella misma noche, mientras Jill está depositando con cuidado una gran araña en el alféizar de la ventana, se lleva un sobresalto de muerte tras ver un rostro entre los árboles de enfrente. Es la gota que colma el vaso. Harris, totalmente opuesto al plan de Richard de permanecer quietos, imponer y conservar la calma, aboga por subir montaña arriba para lograr señal de teléfono móvil y así pedir ayuda. A la mañana siguiente, se llega a una tregua cuando Richard permite a Harris y Jill intentar reestablecer contacto con el conductor del autocar, ausente de sus obligaciones, si el resto de ellos se aviene a jugar a paintball como parte del programa de teambuilding. Durante el enérgico partido, Billy confiesa a Steve que aunque le gustaría salir con Maggie, está convencido de que Steve es el objeto de los deseos de ella. Jill también descubre que Harris posee su lado tierno mientras ascienden con su misión. En lugar de una buena recepción de móvil, se topan con el autocar que les trajo al parecer abandonado, y poco después hallan al conductor brutalmente asesinado. De regreso al refugio con el autocar, horrorizados ante la evidencia de que todos están en peligro, una escena dantesca les da la bienvenida: Media pierna de Gordon ha sido seccionada por acción de los afilados dientes de una horrible trampa para osos, y el muñón no cesa de sangrar. Una vez se ha empotrado la pierna de Gordon en la pequeña nevera para mantenerla fresca, el aterrorizado grupo efectúa un intento de huida, tan sólo para estrellarse cuando los neumáticos del autocar revientan en otro acto de sabotaje siniestro. De entre el retorcido metal, emerge una aturdida Jill que se adentra desorientada en el bosque hacia una muerte horrible por acción de un lanzallamas. La última palabra que oye mientras está ardiendo agónica es ‘Palisade,’ proferida de modo acusatorio en un idioma extranjero. Mientras, una Maggie magullada y llena de arañazos observa el cuerpo decapitado de Harris, y Billy se hace con la autoridad de su jefe ante el estado histérico en que se halla éste, tomando la decisión de regresar al refugio para recapacitar sobre la grave situación, crecientemente peligrosa. De nuevo en la casa, los supervivientes heridos temen lo peor y comienzan a atrincherarse en el interior. Alguien está tratando de matarlos a todos, pero, ¿por qué? Steve proporciona a Gordon pastillas de éxtasis para paliar el dolor y el mismo se enrolla un pitillo de marihuana. Una vez el aturdido Gordon les permite un respiro tras hablar ininterrumpidamente debido a la droga injerida, una sombra arrastra subrepticiamente el cuerpo de aquél hacia los sótanos a través de una puerta hasta aquel momento cerrada. A renglón seguido, y con gran nerviosismo, Billy, Steve, Richard y Maggie descubren que los sótanos son una especie de cuartel general, un búnker subterráneo con su despensa de animales muertos, mugrientos habitáculos para dormir, y cámaras de tortura. A través de la puerta de una de las celdas de confinamiento pueden ver a un extraño con uniforme militar andrajoso que está grabando el símbolo de Palisade en la carne del pecho de Gordon. El asesino dispara a Billy, que muere en brazos de Maggie. Richard repta por un pasadizo incrustado en los muros y se adentra en el bosque. Steve impide que Maggie muera clavando en el pecho del asesino un cuchillo de caza; luego ella remata el trabajo disparando al sujeto a la cabeza con la propia escopeta de éste. Pero cuando abandonan el edificio se hallan frente a frente con cinco nuevos asesinos con uniformes parecidos. Haciendo uso de la bala que les queda, Maggie deja fuera de juego a uno de ellos mientras se abren paso al bosque engañando a los otros mediante amenaza de dispararles. Rompiendo maleza, se cruzan con Richard, quien mantiene un pie sobre una mina terrestre. Si se mueve, morirá. Mientras se prepara para el sacrificio definitivo, les dice que resigan sus propias huellas para salir del campo de minas. Corriendo como locos, huyendo de la carnicería, la frenética pareja llega a un nuevo claro del bosque donde alcanzan a ver la imagen por la que han estado suspirando todo el fin de semana. Se trata del auténtico refugio de lujo con todas las últimas comodidades. Y allí, junto a un buen fuego, está George Cinders, el presidente de la compañía, sorbiendo champaña bien escoltado por las chicas que Steve encargó on-line, Olga y Nadia. La pareja informa a los tres acerca de la situación desesperada en que se hallan, pero sólo cuando George oye el estallido de la mina, en el momento en que Richard retira el pie, se da cuenta el presidente de la auténtica gravedad de la amenaza. Enarbolando sobre el hombro un ejemplar del nuevo lanzamisiles de la empresa, George dispara a los asesinos que quedan, quienes ya están acercándose a la cabaña. Sin embargo, todo parece indicar que un misil tierra-aire es la arma equivocada para la labor, pues no sólo yerra el tiro sino que el proyectil asciende hacia el cielo y directo a un avión de pasajeros. Incluso los asesinos miran horrorizados cómo el misil acierta en el blanco. Mientras George, Olga y Nadia tropiezan con sus destinos, (ya narrados en la secuencia que precede a los títulos), Steve y Maggie toman otro sendero sólo para sufrir el ataque del enemigo. En el consiguiente forcejeo, Maggie hunde el cráneo de uno de los asesinos con una piedra enorme, mientras Steve dispara a un segundo y machetea a un tercero en el trasero, pero antes de que pueda concluir, el asesino le asesta un cuchillo. Huyendo del último asesino a través del bosque, Maggie se topa con unas viejas vías ferroviarias. Resiguiéndolas, llega a un complejo presidiario ruinoso, donde encuentra un teléfono con línea y trata de pedir ayuda; sin embargo, se la obliga a esperar demasiado y pierde la paciencia, acabando por salir a la pequeña calle principal del campo de prisioneros donde se ve ante la típica situación de duelo en la calle de un western enfrentada a un asesino que sostiene un lanzallamas. Éste la persigue mientras ella busca refugio en el edificio de la prisión, escapando repetidamente y de milagro de morir abrasada. Cuando el asesino está a punto de acabar con la vida de Maggie, unas impetuosamente agresivas y apenas vestidas Olga y Nadia ponen punto final con una lluvia de balas. Las dos chicas han logrado salir del foso para osos con la ayuda del malherido Steve. Al final de la pequeña y terrible calle principal de aquella prisión, los cuatro supervivientes encuentran un embarcadero que abre paso a un lago. Agotados, empapados de sangre, y magullados hasta lo indecible, los cuatro supervivientes suben a un bote y se alejan de la orilla.

    Comentario

    Segunda película como realizador de Christopher Smith, director que se inició en el cine de terror con “Creep” protagonizada por Franka Potente. Una multinacional armamentística invita a sus ejecutivos a pasar unos días de team-building en el nuevo y lujoso spa corporativo de Rumanía. Pero lo que parecía que iba a ser un aburrido fin de semana se convierte en una desesperada lucha por la supervivencia cuando son atacados por un enemigo desconocido y letal. Ahora, tendrán que olvidarse de la política de empresa. Sólo los más listos sobrevivirán a esta macabra escapada. El propio Christopher Smith es coguionista, a partir de una historia original de James Moran.