CASUAL DAY

    Titulo original: Casual day
    Año: 2007
    País: España
    Duración: 93 min.
    Dirección: Max Lemcke
    Guión: Pablo Remón y Daniel Remón
    Música: Pierre Omer

    Intérpretes

    Juan Diego, Javier Ríos, Luis Tosar, Estíbaliz Gabilondo, Arturo Valls, Alberto San Juan, Malena Alterio, Alex Angulo, Carlos Kaniowsky, Secun de la Rosa,

    Premios

    Seleccionada para la Sección Zabaltegi del Festival de San Sebastián. Seleccionada para la Sección ZonaZine del Festival de Málaga.

    Sinopsis

    Uno de los momentos más divertidos de trabajar en una empresa es cuando se deciden las vacaciones. La hora de las alianzas, los pactos, los engaños, las confusiones… Las preguntas a los de organización: “¿si me voy el viernes, me cuenta el fin de semana como festivo?” “¿Puedo utilizar mis días de asuntos propios para ir a la playa?” Durante las primeras semanas de junio la oficina se parece más que nunca a un patio de colegio, recordándonos que, en realidad, no son tan distintos. Una de las veces que más se pone de manifiesto esta semejanza es en el “casual day”. Decenas de adultos, hombres y mujeres hechos y derechos, con hijos, familia e hipoteca, corriendo por un prado tras una pelota gigante (fomentando el compañerismo), o disparándose pintura disfrazados de Rambo (soltando estrés acumulado), o tocando juntos, cada uno un instrumento (fomentando el sentido de grupo). En uno de esos días en el campo. En un entorno idílico, los ejecutivos dan rienda suelta a sus frustraciones e instintos primarios. Borracheras, piques internos, cabreos acumulados… Todo está permitido en este día. Los lunes todos a trabajar como si no hubiera pasado nada. Las relaciones de poder están vistas a través de alguien que entra nuevo en la empresa, Ruy (Javier Ríos). Es su primera semana y su primer “casual day”. Ruy ha vivido siempre como ha querido. Es un chico listo: licenciado en Derecho y Empresariales, ropa de moda, vacaciones en Tarifa, viajecitos cuando le apetece… Sus veinticinco años de vida han sido una fiesta. Pero ahora está en un compromiso. José Antonio (Juan Diego), el padre de su novia, le ha conseguido un puesto importante en la empresa. Quiere que sea su sucesor. Ruy no se atreve a decir que no. Es su único defecto. Por eso le ha prometido a su novia que probará el trabajo. Y por eso sigue con ella, aunque es una pija en crisis permanente que le está amargando la existencia. El día se presenta como una pesadilla: 24 horas de actividades que considera propias de niños pequeños (paintball, paseo en cosechadora, juegos de mesa…) con una panda de ejecutivos entregados a la causa, cada uno en su estilo. Para colmo, Ruy está de resaca: le gustaría estar en cualquier sitio menos en ese. Nada más salir de Madrid empiezan a marearle. En la casa rural le espera José Antonio, su futuro suegro. Es un hombre hecho a sí mismo, sin fisuras. Un líder nato que vive por y para la empresa. Presiona a Ruy haciéndole ver que esto no es un trabajo como otro cualquiera, sino una lucha constante, una religión a la que él dedica 14 horas diarias. José Antonio cree que el chico vale para esto, que tiene madera. Para hacerle un hueco en la empresa, ha tenido que trasladar a otros que estaban antes. Para él es algo natural. Un instinto animal le hace cuidar de su familia, y Ruy es casi de la familia. A sus veinticinco años, y sin haber tomado ninguna decisión, Ruy está atrapado. Su única vía de escape es Marta (Estíbaliz Gabilondo), una amiga que ha entrado con él en la empresa. Es todo lo contrario a su novia. Aunque no le gusta el trabajo, se lo toma con filosofía. Con ella, Ruy puede desahogarse y decir lo que piensa. Ruy pasa el día descubriendo la fauna de la oficina. El ecosistema está perfectamente estructurado. José Antonio, el jefe, ocupa la planta sexta. A su lado, su lugarteniente, Diego “Cholo” Carreira (Luis Tosar), curtido junto a él en mil batallas con los japoneses que suelen cerrarse amistosamente en el D’Angelos, un puticlub karaoke junto a la oficina. Cholo es un motero bárbaro y machista, el preceptor de Marta. José Antonio y él se admiran mutuamente. En una guerra, les gustaría combatir el uno junto al otro. Bajando de categoría, en la cuarta planta, encontramos al grueso de los ejecutivos. Son aquellos que llevan toda la vida en la empresa, pero les faltan las ganas, el carácter o la falta de escrúpulos de los que están arriba. Arozamena (Álex Angulo) es el único que cree en las bondades del “casual day”. Se interesa por todo, llega el primero, rellena los tests puntualmente y pregunta todas las dudas. Trata de integrar al chico en cualquier actividad por estúpida que sea, como por ejemplo, dar un paseo en cosechadora. Velasco es un pobre hombre que está pasando un mal momento desde que le abandonó la mujer. Conscientes de su situación, los demás tratan de integrarle, aunque en el fondo se sienten incómodos a su lado. Nadie contaba con que viniera, por lo que su aparición en mitad de la comida supone un momento tenso. Más abajo, en la planta tercera está Morales (Arturo Valls). De haberse preocupado de su carrera, quizá podría estar más arriba. Pero tiene la cabeza ocupada en negocios absurdos en los que intenta involucrar a Ruy. Sus ideas van desde introducir la quiniela en Japón hasta vender pulseras de “No al racismo” a la puerta del Bernabeú. Al ver a estos hombres en guerra permanente, a Ruy le entran ganas de salir corriendo. Le gustaría decir no a este trabajo, a José Antonio, a Inés y a este cuento del “casual day”. Pero decir que no, no es fácil. Lo que en teoría iba a ser un mero trámite, acabará por decidir el resto de su vida.

    Comentario

    Los malos son los otros. Y si nos ponemos en lo peor, tal vez es cierto. Aquí lo que hay es un grupo de compañeros de trabajo, hábilmente reunidos en un hotelito de montaña. Y por haber, hasta hay una imponente firma con su escalafón y todo. Informales y descorbatados, los curritos bajan la guardia, juegan a ser niños y se lo toman como un recreo. Pero el invento deriva pronto en un ejercicio cruel y nada lúdico. Con la empresa hemos topado. Tema antiguo éste, que en el cine americano nos remonta a, por ejemplo, “El apartamento” de Billy Wilder y –ya que tenemos a Jack Lemmon a mano- al “Glengarry Glen Rose” de David Mamet, sin olvidar las ingeniosas pasadas por el tema que se ha marcado Neil LaBute. La fórmula sigue intacta. Y la caricatura da mucho juego: todo acidez y algún toque emotivo. Aquí se explotó el filón con retraso pero entre lo más logrado figura “Smoking room”, de Wallovits y Gual, que hurgaba con tino en los despachos de una multinacional; luego fue “El método”, del argentino Marcelo Piñeyro...y con el terreno ya abonado llega esta “Casual Day” que ostenta, de entrada, una estupenda factura, gran fachada, buenos diálogos y un reparto de lujo. El guión, en todo caso, resulta algo plano. Pero Max Lemcke aprueba, y con nota; la historia se ve de un tirón, él la rueda con soltura y estilo y despliega de nuevo la cuestión: no tanto la perversión del sistema (que también) sino la perversión de cualquier hijo de vecino, si se pone a tiro. La condición humana, en suma. Y la corbata la llevamos todos aunque sólo a algunos se les ve; las habas se cuecen en un ese campo laboral concreto; pero no más (ni menos) que en cualquier otro. El Cine incluido, claro.