CARLOS (2010)

    Titulo original: Carlos
    Año: 2010
    País: Francia - Alemania
    Duración: 330 min /175 min.
    Dirección: Olivier Assayas
    Guión: Olivier Assayas, Dan Franck y Daniel Leconte, basado en hechos reales.

    Intérpretes

    Édgar Ramírez, Alexander Scheer, Alejandro Arroyo, Ahmad Kaabour, Talal El-Jordi, Juana Acosta, Nora von Waldstätten, Christoph Bach, Rodney El Haddad, Julia Hummer, Antoine Balabane, Rami Farah, Aljoscha Stadelmann, Zeid Hamdan, Fadi Yanni Turk, Katharina Schüttler, Badih Abou Chakra, Basim Kahar, Cem Sultan Ungan, Susanne Wuest, Anna Thalbach, Salah El Din Abou Chanab, Johannes Richard Voelkel, Lamia Ahmed, Mounzer Baalbaki, Belkacem Djamel Barek, Samir Basha, Jef Bayonne, Alexander Beyer, Sándor Böjte, Romana Carén, Gabriella Csizmadia, Caroline De Bled, Emmanuel, Karam Ghossein, S. Gozan, Hamid, Ahmed Hatoum, Johnny Kazan, Jonathan Israel Keiser, Ireen Kirsch, Maria Kwiatkowsky, Gigi Ledron, Abdalah Abdel Majad, Dassal Medi, Nourredine Moszadah, Mounire Moutawakil, Mohab Nader, O. Ogeibe, Mustapha Ousmani, Boulos Risk, Stephan Rives, Fadi Sabbah, Julien Schmidt, Liane Sellerer, Mario A. Silva, Souleymane Sow, Tomas Spencer, Istvan Szori, Jihad Tamraz, Riad Tannoury, Keith Thomson, Szabolcs Thuróczy, Attila Coth, Hanna Touma, Philippe Tran, Mátyás Varsa, Alexander Yassin y Rabih Zein.

    Premios

    Presentada en el Festival de Cine de Cannes Premio al Mejor Montaje en los Premios Europeos del Cine
    Globo de Oro a la Mejor Miniserie o Película para la televisión. Nominada al Globo de Oro al Mejor Actor en Miniserie o Película para Televisión (Edgar Ramírez)

    Sinopsis

    La historia de Ilich Ramírez Sánchez, apodado Carlos (Edgar Ramírez), que durante dos décadas fue uno de los terroristas más buscados del planeta. Entre 1974, en Londres, donde intentó asesinar a un hombre de negocios judío, y 1994, en que fue arrestado en Jartum, vivió varias vidas bajo varios seudónimos siguiendo su camino a través de las complejidades de la política internacional de la época. Auténtico mítico, Carlos protagonizó la historia del terrorismo internacional de las décadas de 1970 y 1980, desde el activismo pro palestino hasta el Ejército Rojo Japonés. Figura al mismo tiempo de la extrema izquierda y mercenario oportunista a sueldo de los servicios secretos de potencias de Oriente Próximo, formó su propia organización, instalada al otro lado del telón de acero y que estuvo activa durante los últimos años de la Guerra Fría. La película es la historia de un revolucionario internacionalista, manipulador y manipulado, llevado por la corriente de la historia contemporánea, al que seguimos hasta el final de su camino, relegado en Sudán, donde la dictadura islamista, después de haberlo protegido un tiempo, lo entregó a la Policía francesa. Personaje contradictorio, tan violento como la época que encarna, Carlos también es un enigma, que, al menos en parte, nos proponemos descifrar.

    Comentario

    Hay que reconocerlo: fue una especie de leyenda global y un filón informativo en los años setenta y ochenta. Los periódicos sacaban tajada de una historia/rio con semejante tirón. Para los que seguimos en vivo y en directo el relato de sus “proezas” debemos confesar el interés que la figura del terrorista “Carlos” suscitaba, una rara sensación entre el suspense, el morbo y el asombro ante un tipo que consiguió burlar durante décadas los más sofisticados sistemas internacionales de seguridad. Y para los que no vivieron aquel colosal despliegue informativo y su constante presencia en los medios de la época, la película de Assayas puede resultar ilustrativa. Assayas sí lo vivió y eso se nota; se nota, en primer lugar, en su indisimulada atracción hacia el personaje; y en segundo lugar, en la agilidad que ha sabido imprimirle a la crónica, uno de los mayores aciertos de la película: ese ritmo endiablado del principio que nos mete de cabeza en ella, el mismo que el “célebre” y veleidoso Ilich Ramírez Sánchez (que Edgar Ramírez tan bien encarna) debió llevar en su vida real (e irreal). Aunque esta versión reducida de la serie televisiva naufraga justamente por ahí, por su irregular “jibarización”, es su gran fallo: no mantiene ese ritmo en la parte final y pierde el compás. Pero queda claro el retrato, -el confuso perfil para ser exactos-, del dudoso idealista de primera hora que, según supimos después, degeneró en traficante y “bon vivant” enganchado al lujo y a frivolidades tales como una liposucción meramente estética. Un “revolucionario” revolucionado, pasado de vueltas, más adicto a la adrenalina que a la justicia universal, que siguió embarcándose en cualquier “causa”, por canalla o contradictoria que fuera. Una vida nada ejemplar.