LA OBRA DE MICHAEL FRAYN, UNA COMEDIA SOBRE LA REPRESENTACIÓN DE UN VODEVIL, EN LOS TEATROS DEL CANAL DE MADRID

Por olfato de los empresarios teatrales o por pura casualidad, coinciden en estos momentos en la cartelera teatral madrileña, varios espectáculos que tienen al humor como motor argumental. Una vez más el teatro sirve en la sociedad no ya como catarsis sino como evasión para una realidad poco divertida.

«¡Qué desastre de función! (Por delante y por detrás)” llega a los teatros del Canal después de un éxito continuado en Barcelona desde 1996. La obra se inscribe en la mejor tradición de las comedias de enredos con personajes que entran y salen por un montón de puertas que sirven de apoyo a la eficacia humorística. La obra de Michael Frayn llega en versión de Paco Mir y con dirección de Alexander Herold.
La función se presenta como «probablemente la mejor comedia del mundo” y no se trata de una simple frase publicitaria porque desde su estreno, en Londres en 1982, donde permaneció cinco años en cartel, se ha representado en todas partes del mundo. Planteada como una obra de teatro dentro del teatro, el espectáculo muestra las relaciones y conflictos entre los actores delante y detrás del escenario, en una doble ficción que narra cómo una compañía de actores prepara un espectáculo.
El primer acto transcurre durante el accidentado ensayo general de un vodevil. Para el segundo acto, el autor –que despliega una admirable creatividad teatral- sorprende al público y da vuelta el decorado para mostrar el backstage y las delirantes situaciones que hay entre bambalinas. El público asiste al estreno de la obra, pero no ve el escenario, sabe lo que ocurre en él porque desde bastidores escucha las voces de los actores y ve sus salidas del escenario, mientras observa una disparatada farsa, hecha en pantomima (es decir en silencio) en medio de una representación caótica llena de enredos.
Hay que destacar la eficacia del grupo de actores, que respondiendo a una marcada dirección, despliegan una desbordante gama de recursos mímicos, gestuales, vocales, tonales, físicos y hasta gimnásticos. En algunos momentos la acción avanza a un ritmo frenético que el grupo mantiene con una puesta en escena ajustada y precisa. Algunos personajes per se conquistan las simpatías del público. Si bien todos están espléndidos, el crítico se ha dejado seducir por Vicky, interpretada por Mónica Pérez y Quique, a cargo de Miquel Sitjar, un actor que sorprende por su esforzado trabajo en escena y que a veces recuerda el estilo de Dick Van Dycke.
En cuanto a las escenas, una de las más festejadas es cuando todos los actores buscan la lentilla que se le ha caído a una actriz. Quienes hemos vivido situaciones similares, sabemos que todo lo que se muestra es una desternillante traslación de la realidad.
Como la acústica de la sala no es de lo mejor, la rapidez de los diálogos a veces pierde su riqueza porque la letra no llega al público con la suficiente claridad. Pero la eficacia profesional del conjunto permite superar este defecto ajeno a la obra, a la compañía y a los buenos actores. El elenco lo integran Aleix Albareda, Dafnis Balduz, Meritxell Huertas, Saida Lamas, Mónica Pérez, Pep Planas, Miquel Sitjar y Artur Trias.