El director y productor chileno Pablo Larraín prepara uno de los proyectos más ambiciosos de su trayectoria. Se trata de «Once», una película inspirada en el golpe de estado de Pinochet del 11 de septiembre de 1973, que abordará las últimas horas del presidente Salvador Allende y que se perfila como la producción cinematográfica más costosa realizada en Chile, respaldada por Netflix. El rodaje está previsto para comenzar en agosto y el proyecto contará con un presupuesto cercano a los 15 millones de dólares, una cifra inédita para la industria audiovisual chilena.

La historia no se centrará exclusivamente en el interior del Palacio de La Moneda durante el Golpe de Estado, sino que también mostrará lo que vivieron distintos personajes fuera del edificio presidencial. La narración adopta un enfoque coral que reconstruirá los hechos desde múltiples puntos de vista, con una mirada que atiende tanto a quienes permanecieron dentro del palacio como a aquellos que vivieron la jornada desde el exterior. Entre ellos figuran el propio Salvador Allende, su esposa Hortensia Bussi y sus hijas Beatriz «Tati» Allende e Isabel Allende, quienes tendrán un rol relevante en el desarrollo del relato.

El guion ha sido escrito por Pablo Larraín junto a Guillermo Calderón, dramaturgo y guionista con quien el director mantiene una alianza creativa desde «El club» en 2015. La colaboración entre ambos ha dado lugar a algunos de los títulos más reconocidos del cine chileno contemporáneo, y en este caso abordan uno de los episodios más decisivos de la historia del país sudamericano.

Netflix, que ya había trabajado con Larraín en «El Conde», la sátira sobre un Pinochet convertido en vampiro que el realizador estrenó hace tres años, será la encargada del financiamiento y la distribución mundial del film. La plataforma de streaming refuerza así su relación con la productora Fabula, que ha sido el hogar de la mayor parte de la obra del director chileno, y apuesta por un proyecto de envergadura que supone un salto cuantitativo en los estándares de producción del cine hecho en Chile.

El actor Alejandro Goic interpretará a Salvador Allende. El intérprete vuelve a trabajar junto a Pablo Larraín, con quien ya compartió proyectos como «No», «El Club» y «Neruda». El reparto también incluirá a Marcelo Alonso, Octavia Bernasconi, Gabriel Cañas, Alfredo Castro, Roberto Farías, Fernanda Finsterbusch, Camila Milenka, Valentina Muhr, Marcial Tagle y Lukas Vergara. La presencia de Alfredo Castro, colaborador habitual de Larraín en títulos como «Tony Manero», «Post Mortem» y «El Conde», refuerza el núcleo de actores con los que el director suele trabajar, actores que han sido parte fundamental de su estilo y de su mirada sobre la realidad chilena.

La producción incorporará además a reconocidos profesionales de la industria internacional que por primera vez participan en un proyecto de Larraín. El director de fotografía mexicano Rodrigo Prieto, conocido por su trabajo en películas como «El irlandés», «Los asesinos de la luna» y «Pedro Páramo», se encargará de la fotografía. Prieto, que ha sido nominado al Óscar en varias ocasiones y es colaborador habitual de Martin Scorsese, aporta una trayectoria consolidada en el cine de gran presupuesto y una sensibilidad visual que ha quedado patente en títulos tan diversos como «Brokeback Mountain», «Lust, Caution» o «Silencio». A ello se suma Andrew Jackson, supervisor de efectos visuales que ha trabajado en producciones de Christopher Nolan, entre ellas «Oppenheimer», «Dunkirk» y «Tenet». Jackson, que ha sido pieza clave en las espectaculares secuencias del cineasta británico, se incorpora al equipo para dotar al film de una factura técnica acorde con la magnitud de los acontecimientos que retrata.

El enfoque narrativo de «Once» responde a la preocupación recurrente de Larraín por explorar los momentos de inflexión en la historia de su país. Su filmografía incluye una trilogía sobre la dictadura compuesta por «Tony Manero» (2008), «Post Mortem» (2010) y «No» (2012), esta última protagonizada por Gael García Bernal y centrada en la campaña del plebiscito de 1988. También ha abordado figuras políticas en «Neruda» (2016), sobre el poeta y senador comunista, y en «El Conde», donde retrató a Pinochet como un vampiro inmortal que lleva 250 años viviendo en una finca arruinada en el sur de Chile. Su cine se ha caracterizado por una mirada irónica y desencantada, alejada del melodrama y atenta a los matices de la política chilena.

En una entrevista concedida a Eldiario.es con motivo del estreno de «El Conde», Larraín reflexionó sobre el papel del cine en la construcción de la memoria histórica. «El cine, que es la gran máquina del tiempo que hemos inventado como sociedad, como cultura, y que te permite pensar lo pensado, vivir lo vivido y te permite recordar y dejar una huella de memoria y de percepción sobre el pasado. En este caso, una huella sobre la impunidad y cómo la impunidad produce eternidad», declaró entonces el director. Esa idea del cine como dispositivo para pensar el pasado y para fijar una percepción sobre lo ocurrido parece estar en el centro de su nueva película, que aborda un episodio que sigue siendo objeto de disputa en la sociedad chilena.

El director chileno reconocía entonces que todavía «cuesta acercarse» a la figura de Pinochet, y consideraba que esto se debe a que «quizás es una figura muy reciente para algunos». Para él, todo depende de encontrar «el ángulo correcto, los actores correctos o el tono correcto». Esa reflexión sobre el tono adecuado para abordar figuras históricas controvertidas puede aplicarse también al desafío que supone retratar a Allende, una figura que, aunque en el polo opuesto del espectro político, también concentra lecturas muy diversas y emociones encontradas en la sociedad chilena.

En aquella conversación, Larraín abordaba también la pervivencia de las heridas del pasado y la relación entre memoria y justicia. «Chile es un país que está dividido, que sigue quebrado por la figura y la presencia de Pinochet, y probablemente eso fue debido a la falta de justicia. Pinochet es una persona que murió en plena impunidad, libre, sin haber ido a la cárcel nunca, y es posible que hubiese sido distinto si lo hubiéramos juzgado como lo hicieron los argentinos o los uruguayos», añadió. Esa reflexión sobre la impunidad y sus efectos en el presente del país parece resonar también en el proyecto que ahora se prepara, aunque esta vez el foco se sitúe en el momento del derrocamiento de Allende.

Los movimientos internos y externos (EEUU) que favorecieron el golpe de Pinochet fueron recientemente convertidos en serie por Nicolás Acuña, en «Los mil días de Allende», una miniserie de cuatro capítulos que abordaba los tres años de gobierno de la Unidad Popular y último periodo de vida de Salvador Allende.