La directora Andrea Jaurrieta ha presentado en el Festival de Málaga su segundo largometraje, «Nina», con el que compite en Sección Oficial, un drama con forma de western que reflexiona sobre el abuso sexual a través del dolor, el proceso de reparación y la venganza.

Patricia López Arnáiz es la protagonista de esta película -basada en la obra de teatro de José Ramón Fernández y con referencias de «La gaviota», de Chejov- junto al actor Darío Grandinetti. Arnáiz interpreta a Nina, una mujer que vuelve al pueblo costero donde creció con una escopeta en el bolso para vengarse de un célebre escritor al que el pueblo rinde homenaje.

En rueda de prensa, Jaurrieta ha desgranado el proceso de creación de sus personajes. «Si vamos a buenos y malos, es muy fácil construir un monstruo muy evidente». Y no quería construir personajes que fuesen estereotipos de maldad «porque en la vida real el mal no se presenta como el mal nunca», ha asegurado. A la directora le interesaba transmitir que estos monstruos «pueden ser cualquier persona de tu entorno, incluso tu tío o tu primo» y pasar perfectamente desapercibidos ante la sociedad.

El guion refleja un tormento constante marcado por los traumas del pasado del personaje principal. Este tormento también se evidencia a través de la atmósfera cargante de las escenas y de elementos como el paisaje o el color rojo muy presente a lo largo de toda la película.

Jaurrieta ha explicado que escribió el guion en dos colores –el presente en bolígrafo negro y el pasado en azul- porque quería que la diferencia entre ambos tiempos quedase muy marcada a lo largo de todo el rodaje y el montaje. Para ello no recurre a los flashback, sino que opta por un guion en espiral –según lo ha definido Jaurrieta- con momentos entrelazados en los que el trabajo de montaje ha sido clave para que el espectador no pierda el hilo.

López Arnáiz ha asegurado que este papel ha supuesto para ella un trabajo doloroso porque en todas las escenas estaba en contacto con la herida que arrastra su personaje prácticamente sin descanso. También se ha centrado en transmitir veracidad en su interpretación por encima del esteticismo violento de los western. Su personaje bebe del dolor para empoderarse y volcar la rabia y el enfado contenido. La actriz ha confesado que impregnarse de la realidad de la violencia sexual a menores ha sido complejo y delicado. «Es tan fuerte conocer las experiencias de chicas tan jóvenes que desembocan en una espiral de la que no saben salir», ha relatado.

Del otro lado, al actor Darío Grandinetti le interesó el concepto de su personaje porque no se presenta como un hombre evidentemente malvado, sino como todo lo contrario. Su trabajo consistió en hacer creer a la gente que era un señor culto, seductor, amable y sin dar a conocer su auténtico yo. A Grandinetti este largometraje le resulta muy necesario. «Ojalá haya más películas y obras de teatro como esta porque el arte no cambia la realidad, pero nos ayuda a mostrarla de una forma que nos puede ayudar a tomar conciencia, a ver desde un lugar distinto las cosas para no naturalizarlas o normalizarlas», ha sentenciado. Por último, ha manifestado que «hacer crónica de la realidad es sanador también para los actores, no solo para el espectador».

Sobre el tema principal de la cinta -la violencia sexual- muy presente también en la actualidad, Jaurrieta ha opinado que «hay que contar las cosas para que deje de suceder, ya que si seguimos callando, estaremos legitimando este tipo de comportamientos inadmisibles y nunca saldremos de esas estructuras».

El resto del reparto lo completan Aina Picarolo, Iñigo Ar