Los fabricantes de cámaras de cine tradicional han tomado la decisión de parar la fabricación de cámaras de negativo para dedicar su esfuerzo a la mejora de los cuerpos de cámaras digitales

Por Lucía Carrión Mercader

Sin hacer mucho esfuerzo recuerdo ya películas de formato digital que han obtenido buenos resultados de taquilla, «28 días después», de Danny Boyle, «Distrito 9», de Peter Jackson, «El libro de Eli» de los hermanos Hughes, o «La red social» de David Fincher, representan bien la nueva era digital, sin hablar de 3D u otros derivados.

Las compañías más importantes en la fabricación de cámaras de cine tradicional, como ARRI (1917) o Panavision (1954), han tomado la decisión de parar la fabricación de cámaras de negativo para dedicar todo su esfuerzo a la mejora de los cuerpos de cámaras digitales. Esto no quiere decir que el fin del negativo sea inminente, existen millones de ejemplares que ahora se podrán alquilar o comprar de segunda mano, por lo que será un proceso no una imposición de las entidades.
La decisión se ha tomado teniendo en cuenta la naturaleza evolutiva, las cámaras digitales ahora ocupan más del 60% del alquiler anual y no dejan de ganarle terreno a las tradicionales de negativo. Desde 2009 en ARRI solo se fabrican cámaras de negativo por encargo, por lo que era evidente que el mercado estaba cambiando. Los laboratorios de cine están inmersos en su particular gran crisis, muchos de ellos quebrando, y otros muchos repartiendo meticulosamente los trabajos de positivado a partes iguales. Claro es, que los que quieran sobrevivir, deberán adaptarse a la tecnología digital, y tarde o temprano, cerrar parcialmente sus laboratorios y maquinarias repletos de químicos tóxicos.
Hay que tener en cuenta el ahorro significativo que supone el paso a la tecnología digital, y aunque el negativo tenga su encanto, implica un gasto en la compra del negativo, en el proceso de positivado y en la distribución de copias físicas a las salas de exhibición, sin contar con las agresión que supone para el medio ambiente. Si una industria puede ahorrarse millones de euros, en un situación de crisis global como la que vivimos, la progresión es imparable. Al igual que ocurrió sin revuelo el paso de la cámara de carrete negativo a la cámara de fotos digital, tarde o temprano nos encontraremos con una gran minoría trabajando con material celuloide. Eso sí, ahora más que nunca debemos cuidar las cámaras de negativo, porque, tarde o temprano, las nuevas generaciones de cineastas digitales sentirán curiosidad de nuevo por el fabuloso negativo, que nos ha aportado tan buenos ratos durante mas de un siglo. Bienvenidos al futuro cinematográfico.