La música de cine vuelve a estar de luto: Un año después de la muerte de Ennio Morricone, ha sido otro mítico compositor cinematográfico, el griego Mikis Theodorakis el que ha fallecido a los 96 años este miércoles 1 de septiembre en su casa de Atenas.

Recordado sobre todo por la banda sonora de «Zorba el griego», fue autor de numerosas bandas sonoras como «Z» (1969), de Costa-Gavras, prohida durante el franquismo, lo que que fue óbice para que la música de Theodorakis fuese la sintonía de un famoso programade televisión de la época, «Serpico», o «¡Qué gente más rara!».

El compositor y músico griego deja tras de sí una inabarcable colección de canciones y un activismo político que va desde su militancia en la resistencia y su detención en 1943 por las fuerzas de ocupación nazi, hasta su oposición a la junta de los coroneles y su polémica participación en 2018 en las manifestaciones ultranacionalistas contra el acuerdo para la refundación de Macedonia.

Theodorakis fue mucho más alla de la música para el cine: Además decenas de títulos de cine y televisión y referencias discográficas, su obra abarca desde sinfonías a ballets, óperas, música de cámara o himnos, que trazan una trayectoria que se puede entender como un monumento a la cultura y la música popular griega. Su infancia nómada por diversas regiones y ciudades de provincia del país, mientras aprendía de manera autodidacta a tocar y componer, le llevaron a conocer los distintos estilos del folclore griego, que más tarde incluiría en muchas de sus composiciones. Tras el final de la Segunda Guerra Mundial y la liberación de los campos de concentración, Theodorakis viajó a París para completar sus estudios en el conservatorio, donde alumbra obras tan delicadas como su Suite nº 1 para piano y orquesta.

Su regreso a Grecia a principios de los años 60 estuvo marcado por su conversión de la obra de grandes poetas de la tradición helena en canciones y a sus trabajos cada vez más habituales en el cine, hasta que llegó «Zorba, el griego» y catapultó su popularidad más allá de las fronteras de Grecia. Su influencia fue tal que artistas célebres como los Beatles, Shirley Bassey o Edith Piaf interpretaron sus canciones, mientras él seguía ampliando su trayectoria cinematográfica con trabajos tan emotivos y vibrantes como los de «Z» (desde 1969 su música quedaría asociada para siempre al cine de Costa Gavras), «Fedra», «Electra», «Serpico», «Emboscada nocturna», «Las troyanas» o «Actas de Marusia», del chileno Miguel Litín (1973), por la que fue nominado a los premios Grammy.

A lo largo de los años, pese a sufrir la represión en su país, un triste exilio y un regreso no exento de polémica, Theodorakis continuó en paralelo su labor como compositor y como militante de izquierdas. Con él se apaga la voz de un maestro europeo, que hizo bailar el sirtaki a varias generaciones.