La actriz Louise Lasser falleció ayer lunes 6 de julio, a los 87 años en su casa de Manhattan, Nueva York, según han confirmado los medios estadounidenses con su familia. Conocida inicialmente por su presencia indispensable en las primeras películas de Woody Allen, con quien se casó en 1966 y se divorciaron tres años después, Lasser pasó a la posteridad con las trenzas de su personaje protagonista en la serie «Mary Hartman» (1976-77), por la ganó un premio Emmy.
Antes de eso, y tras forjarse actuando y realizando improvisaciones en bares y cafeterías del Greenwich Village para pagarse los estudios, colaboró intensamente con Allen durante los primeros años de sus carreras. Juntos armaron la locura doblada de «Lily, la tigresa» (1966) y fue la coprotagonista femenina de las comedias «Toma el dinero y corre» (1969), «Bananas (1971) y «Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo y nunca se atrevió a preguntar» (1972), donde realizaba una maravillosa parodia de los personajes de Monica Vitti para Antonioni.
En los ochenta y noventa acumuló varios papeles en la gran pantalla, destacando en títulos delicatessen como la incomprendida segunda película dirigida por Marty Feldman («El hábito no hace al monje», 1980), una de Sam Raimi criminalmente poco conocida como es «Ola de crímenes, ola de risas» (1985) o la comedia romántica «Una novia para dos» (1987) con Sally Field y Michael Caine.
Fue las décadas posteriores cuando se redescubrió a Lasser como actriz de culto gracias a sus apariciones en títulos definitorios de la cinefilia de entresiglos como «Happiness» (1998) de Todd Solondz, donde interpretaba a la matriarca de la disfuncional familia protagonista; y «Réquiem por un sueño» (2000) de Darren Aronofsky, como una de las amigas del personaje de Ellen Burstyn.











