James Joyce publicó en 1922 «Ulises», un libro complejo, incomprensible a veces, maravilloso, en algunos momentos insoportable, pero de un experimentalismo colosal. Un torrente de innovación literaria. Un extenso monólogo interior sin signos de puntuación, porque lo que importa en la narración ya no son los hechos sino las emociones que las palabras son capaces de despertar. Una novela conceptual, sin argumento. En España permaneció prohibida hasta 1976, sobre todo por su carga erótica. El dramaturgo José Sanchís Sinisterra realizó una adaptación del último capítulo del «Ulises» al teatro, y en 1982 se estrenó la inolvidable «La noche de Molly Bloom» en el María Guerrero de Madrid con Magüi Mira como protagonista. Los que vimos aquella función le reservamos un sitio en la memoria con los grandes monólogos de la historia última del teatro español, junto a «Cinco horas con Mario», por ejemplo.

Y ahora Magüi Mira ha recuperado «Molly Bloom» en un ejercicio actoral superlativo, porque de un texto sin argumento, vacío de acción, ha extraído –como cuando entonces- las emociones, la desnudez del alma del personaje, en definitiva la vida que brilla deslumbrante y cruda sobre la penumbra del escenario. Es aquella remota «Molly Bloom» pero con algunos retoques para atraerla hasta los nuevos tiempos, en los que, como acaba de afirmar la actriz, la obra ya no escandaliza pero sí puede ofender. El texto original de ese último capítulo del «Ulises» es de 24.000 palabras y Magüi Mira lo ha reducido a 7.400. Toda la función desprende sabor a buen teatro.

Molly Bloom, en su larga noche de insomnio tras haber pasado el día junto a su amante, se muestra con sus frustraciones, dolor, amor y desamor, y sentido del humor –Joyce sostenía que «Ulises» era fundamentalmente una obra humorística-, en medio de una vida rasgada sobre todo por su condición de mujer. Ha explicado Magüi Mira: «Yo no soy Molly Bloom, pero Molly Bloom soy yo». Y durante la función adopta un tono exquisito de confidencia. Molly Bloom irónica: «A mí engañar a un marido me parece bien, pero a un amante, no». Reflexiva: «Me hubiera gustado tanto estudiar». Ardiente: «Ahora me toca a mí. Y me lo vas a hacer como yo quiera y como a mí me gusta». La obra se ha representado en el Teatro Quique San Francisco de Madrid a lleno diario y ahora emprende una gira por España. El «Ulises» de Joyce estuvo prohibido aquí hasta 1976. Leopold Bloom pasea por Dublín. Su mujer, Molly, se confiesa en un espacio vacío, junto a una cama. «No hay nada como un beso largo y caliente». Palabra de Magüi Bloom.

(Publicado en Andalucía Información)