MI VIDA ARTÍSTICA. MEMORIAS. SU TEATRO. SU CINE. SU ÉPOCA

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    Autor: PEPE ISBERT
    Editorial: EDITORIAL NAUSICAA. 310 PAGS.
    Estilo: Blanco y negro
    Páginas: 310
    Precio: 18.50€

    Sinopsis

    Cuarenta años después de su publicación (Ed. Bruguera, 1969), la Fundación Aisge, se reeditan las memorias que, bajo el título ·Mi vida artística» (Ed- Nausicaa), relató José Isbert (1885-1966), unos meses antes de morir, a su hija María Isbert, que transcribió y prologó como «una oración emocionada y llena de cariño». José (Pepe) Isbert, el inolvidable protagonista de «Bienvenido Mr.Marshall», «La gran familia» y «El verdugo» (1886-1966) rememora su infancia cuando le llamaban «Obispillo», el padre del dramaturgo Jacinto Benavente le salvó de morir por meningitis y ayudó a la familia escribiendo pliegos y como cajero de venta al por menor en una editorial ante los apuros económicos que tuvieron cuando falleció su padre. Fue buscando una tienda en la que necesitaran un contable cuando vio un cartel que pedía artistas de variedades, entró y salió con la promesa de un duro diario por imitar a actores célebres de comedia y zarzuela. Numerosos papeles en los escenarios, en los que «mi pequeñez no era tan notoria” y en los que hizo de extranjero «que nunca han sido mi especialidad. Soy español hasta para eso”, precedieron a su aparición en el cine. «Por lo popular, aparentemente parece un arte sencillo, pero en realidad es el más difícil de entender. No hay que pasarse de la raya en la comicidad porque hay es muy poca la distancia que separa lo cómico de lo ridículo”, avisa el que es el actor secundario español que más protagonistas interpretó a lo largo de varias décadas. Devoto de la Virgen del Pilar, el padre de María Isbert, por quien sentía predilección, entendía que no había mayor tragedia que «el suspenso” del público, y que el éxito era «el triunfo de la constancia y el tesón”. Sólo conocía un tipo de actor, «el que emociona, regocija, distrae, interesa o inspira algo al público en cualquier medio”, y nunca sintió lo de los celos artísticos «porque somos los primeros admiradores de nuestros rivales”, subraya don José, cuyo sólo nombre despierta simpatía. Escrito cuando estaba gravemente enfermo, tiempo en el que no perdió su buen humor, pero sí echaba de menos su trabajo, libertad, sus paseos al aire libre y sus tres o cuatro cajetillas de cigarrillos y sus puros, en ese relato en primera persona habla de su teatro, su cine, su época y de su adhesión «a cualquier régimen que significa orden trabajo y respeto a mi religión”.
    Numerosos papeles en los escenarios, en los que «mi pequeñez no era tan notoria” y en los que hizo de extranjero «que nunca han sido mi especialidad. Soy español hasta para eso”, precedieron a su aparición en el cine. «Por lo popular, aparentemente parece un arte sencillo, pero en realidad es el más difícil de entender. No hay que pasarse de la raya en la comicidad porque hay es muy poca la distancia que separa lo cómico de lo ridículo”, avisa el que es el actor secundario español que más protagonistas interpretó a lo largo de varias décadas. Devoto de la Virgen del Pilar, el padre de María Isbert, por quien sentía predilección, entendía que no había mayor tragedia que «el suspenso” del público, y que el éxito era «el triunfo de la constancia y el tesón”. Sólo conocía un tipo de actor, «el que emociona, regocija, distrae, interesa o inspira algo al público en cualquier medio”, y nunca sintió lo de los celos artísticos «porque somos los primeros admiradores de nuestros rivales”, subraya don José, cuyo sólo nombre despierta simpatía. Estuvo cincuenta años casado con su prima Elvira Soriano Picazo –»lejos de la familia he sido siempre como un pobre pajarito al que faltara un ala”-, tenía en Cantinflas a su artista favorito y fue amigo de la infanta Isabel, a la que conoció cuando veraneaba en Segovia. En una ocasión, La Chata le dio un retrato para dedicárselo, uno en el que se vía muy favorecida y cuando le preguntó qué le parecía, contestó: «perdone alteza, pero yo no puedo opinar. Soy casado”. Murió el 28 de noviembre de 1966, rodeado de las personas que le querían y de todo un país que le conocía. Está enterrado en Tarazona, el pueblo de su mujer.