GEORGES MÉLIÈS. LA MAGIA DEL CINE

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    Autor: VV.AA.
    Editorial: CINEMATEQUE FRANCAISE / FUNDACION LA CAIXA. 201 PAGS.
    Estilo: Color
    Páginas: 201
    Precio: 30€

    Sinopsis

    Catálogo de la muestra realizada en Caixaforum Barcelona y Madrid. Un recorrido por la obra del que ha sido considerado el primer mago del cine, Georges Méliès. El catálogo muestra la diversidad de la obra del cineasta y el su valor en la evolución de la historia del cine. ¿De dónde viene Méliès? ¿Cómo forjó su extraordinario universo? ¿Cuáles fueron sus fuentes de inspiración?
    Hijo de un empresario del calzado, Georges Méliès (1861-1938) fue dibujante, mago, constructor de artefactos, director de teatro, actor, decorador y técnico, así como productor, realizador y distribuidor de más de 500 películas entre 1896 y 1912. Reinó en el mundo del género fantástico y del trucaje cinematográfico durante casi veinte años, resultando fundamental su contribución al séptimo arte: introdujo el sueño, la magia y la ficción en el cine cuando este daba sus primeros pasos y era solo documental. Frente al cine de carácter documental de los hermanos Lumière, el acto fundacional de Méliès consistió en combinar el universo de Jean-Eugène Robert-Houdin, el padre de la magia moderna, con la cinematografía de Marey, así como en un decidido impulso al cine como espectáculo.
    Como genio de los efectos especiales, Méliès aplicó en el cine trucos de magia y la técnica de la linterna mágica: pirotecnia, efectos ópticos, desplegables horizontales y verticales, paradas de cámara, fundidos encadenados, sobreimpresiones, efectos de montaje y de color… Es como si este virtuoso de la técnica lo hubiera inventado y usado todo. Méliès vivió unos años dorados, de extraordinaria popularidad, que culminaron con el estreno, en 1902, de «Le voyage dans la Lune» («Viaje a la Luna»), filme que vieron millones de espectadores. Desgraciadamente, la expansión de la industria cinematográfica y la aparición de grandes empresas como Pathé y Gaumont llevaron a Méliès a la ruina y el olvido. En 1923, totalmente arruinado, destruyó los negativos de todas sus películas. Acabó vendiendo juguetes en la parisina estación de Montparnasse y más adelante se refugió en un asilo de Orly. El periodista Léon Druhot le reconoció en la estación, y a partir de aquel momento su obra empezó a ser valorada y recuperada de nuevo.