El veterano actor y director onubense José Luis Gómez es un hombre de teatro total. Con sus luces y con sus sombras, como todos. Siempre se mostró poco dado a conceder entrevistas, quizás porque se considere por encima del bien y del mal en su profesión. Al día siguiente del estreno de “Nekrassov”, de Jean-Paul Sartre, en 2019, la función se retrasó durante unos 15 minutos en el madrileño Teatro de La Abadía, con la platea completamente llena de un público impaciente, sin que nadie ofreciera explicaciones. Hasta que José Luis Gómez llegó con un acompañante y tomó asiento. “Para eso es su teatro”, me comentó una señora. No, no era su teatro. Gómez, director aún del Abadía, había dado orden de que esperaran su llegada, y no arrancara la función.

Y ahora se ha estrenado allí “Lady Anne”, una visita desde una mirada contemporánea a “Ricardo III”, de Shakespeare. “Ricardo III” es una pieza sobre el poder. En los ambientes teatrales madrileños, y así lo recoge Raúl Losáñez en su crítica en La Razón, se dice que las actrices Elisabet Gelabert e Inma Nieto, que trabajaron con Gómez en los “Entremeses” de Cervantes, primer estreno en el Abadía a mediados de los 90, “han realizado cierto ajuste de cuentas con su mentor”, aunque públicamente ellas no se han pronunciado. Y añade que en el fondo de la obra late “la insana relación que puede darse entre un director con poder y una actriz que solo está tratando de aprender y de afianzarse en su trabajo. Una relación de dominación que trasciende lo profesional y afecta al plano más personal y humano”. “Ricardo III” es una tragedia. La tragedia es catarsis. Quizás estas intérpretes hayan buscado con ‘Lady Anne’ su propia catarsis. O no.

Elisabet Gelabert encarna a una actriz atrapada en un terrible laberinto de inseguridades y miedos. Y se topa con un director (Inma Nieto, también directora y autora de la obra) despótico, frío, encanallado. Se disponen a ensayar la escena de Lady Anne con Ricardo III. Entonces grita el director, entre otras cosas: “Todo lo que dices está muerto”; “no vales nada, nada”; “estás vacía, hueca, no sé qué te pasa, estás falsa”; “tú intención es buena, pero es mediocre”; “ya no trabajaré más contigo, buscaré a una actriz joven”.

«Lady Anne» mezcla el verbo sensacional de Shakespeare con un extraordinario thriller teatral. Elisabet Gelabert firma una actuación fabulosa: en la actriz extraviada y en una colosal y dolorida Lady Anne. La obra quizás busque mostrar las máscaras del héroe. Pero finalmente rinde honor a la máscara del teatro.