La actriz Lucía Quintana ha explicado que la obra ‘’La reina de la belleza de Leenane’’ tiene una extraña poética de la desolación. Se trata de una función dura, inquietante, de aristas reconocibles, y de una estética decididamente realista que el director, Juan Echanove (fabuloso actor que atraviesa un excelente momento en la dirección escénica), ha recubierto de una atmósfera poética, con un texto de trazo firme, maravillosamente áspero, que ilumina el carácter de los personajes. Ya no se hace teatro así (esta pieza se estrenó en 1996). Obras que muestran una historia, no que la cuentan, que narran, con unos personajes vivos, con alma, tanta que conmueve la del espectador. La obra, estrenada cuando dominaba el realismo teatral, se convierte ahora en vanguardia. Hay sobre el escenario del Teatro Infanta Isabel de Madrid unos personajes que parecen personas, y un conflicto cercano a la vida, que algunos espectadores quizás hayan conocido de cerca.

La anciana Mag Folan (María Galiana) convive en una casa de las afueras de un perdido pueblo de Irlanda, entre campos de frío, lluvia y soledad, con su hija Maureen (Lucía Quintana), una mujer de 45 años que apura sus últimas posibilidades de vida con necesidad de sexualidad, de cariño, de respirar. De hombre. El peso extraordinario de esta obra cae a plomo sobre los hombros de una colosal Lucía Quintana, que refleja con infinidad de registros la desesperación, la humillación, y también el peligroso –y detestable- descarrilamiento emocional y mental de su personaje. Inolvidable. Como también la actuación de la veterana actriz andaluza María Galiana, en un papel muy diferente al de la sosegada Herminia de la serie televisiva «Cuéntame» Aquí se convierte en una mujer de un egoísmo sin fondo, atroz, capaz de las más despiadadas manipulaciones para mantener a su hija Maureen a su lado, aunque sea mutilando la vida de esa mujer para siempre. A pesar del maltrato que recibe. Hay entre ellas un ambiente irrespirable, fatal, asfixiante. Ambas son víctimas y verdugos. El espectador las detesta, pero, en algunos matices, las comprende. Como también ocurre con los personajes de las novelas de Simenon. Porque expresan la fragilidad del ser humano.

Martin MacDonagh, el autor, impresionante dramaturgo y cineasta –“Tres anuncios en las afueras”- crea relaciones entre los personajes a través de objetos como hacía Shakespeare (muchas veces con anillos). Aquí es con un balón de fútbol. Maureen se sentará finalmente en la mecedora de su madre, convertida ya en una anciana. Tan lejos, tan cerca, cuando exclamó: “Qué bien se está montada encima de un hombre”. Suena la radio. Hace frío. Emoción. Teatro. Buen teatro.

(Publicado en Andalucía Información)