l Studio Ghibli, famosa productora del director de animación japonés Hayao Miyazaki, conocido por películas como «La princesa Mononoke» y «El viaje de Chihiro» ha sido galardonada con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades después de que en 2024 recibiera en el Festival de Cannes la primera Palma de Oro de Honor entregada a un colectivo.
Fundado en 1985 por el productor Toshio Suzuki y los directores Isao Takahata y Hayao Miyazaki, Ghibli no solo se ha coronado durante 41 años como uno de los nombres punteros en el campo de la animación, sino que también ha sido una embajada internacional para el anime, y una factoría de películas cuya calidad oscila entre «excepcional» y «obra maestra», como prueban los Oscar recibidos por «El viaje de Chihiro» y «El chico y la garza».
El galardón es el broche de oro a un viaje mágico de más de cuarenta años cuyos orígenes se remontan a la colaboración entre Hayao Miyazaki y Isao Takahata en la película de animación «Nausicaä del Valle del Viento» (1984), basada en un manga de propio Miyazaki.
Aunque la filmografía de Ghibli es muy amplia y diversa, el primer nombre que asociamos al estudio es el de su fundador y director estrella Hayao Miyazaki, por sobradas razones. De «El castillo en el cielo» (1986) a «El chico y la garza» (2023), todas las películas de Miyazaki se han estrenado bajo un sello que no solo le garantiza libertad creativa, sino que también lleva con paciencia sus infinitas amenazas de jubilación. Está por verse si esta vez ha colgado los lápices para siempre…
Isao Takahata, fallecido en 2018, cofundador de Ghibli, fue menos prolífico que su compañero Miyazaki, pero a él le debemos una obra no menos magistral. Desde el tormento puro y duro de «La tumba de las luciérnagas» al slice of life de «Mis vecinos los Yamada», de la sátira con mapaches («Pom Poko») a una despedida tan apabullante como «El cuento de la princesa Kaguya», los filmes de Takahata son el tesoro oculto del estudio.
Reducir Ghibli a las filmografías de Miyazaki y Takahata, supone olvidar que el estudio ha estrenado muchas más películas notables de directores como Yoshifumi Kondô («Susurros del corazón»), Hiromasa Yonebayashi («El recuerdo de Marnie») y el holandés Michaël Dudok de Wit («La tortuga roja»). Aunque no siempre estén poseídas por el genio, todas ellas son un buen recordatorio de que el anime es un territorio amplio y variado.
Desde «Nausicaa del Valle del Viento», la película que supuso la génesis de Ghibli en 1984, muchos títulos del sello japonés han sonado a las estupendas partituras de Joe Hisaishi, compositor cuyas melodías son tan representativas de su estilo como la animación minuciosa y las historias emocionantes. Junto a él, Akiko Yano y Yuji Nomi, entre otros compositores, nos han dejado claro que las películas del estudio también entran por las orejas.
Cuando Harvey Weinstein quiso volver a montar «La princesa Mononoke» para distribuirla en EE.UU., Toshio Suzuki le hizo llegar una katana acompañada de una tarjeta en la que se leía «Sin cortes». El productor y sus socios habían sobrevivido a una época en la que el anime llegaba a Occidente en condiciones deplorables, e hicieron lo posible para evitar que esta se repitiera.
Desde San («La princesa Mononoke») hasta la princesa Kaguya, pasando por Chihiro, las hermanas de «Mi vecino Totoro», Shizuku («Susurros del corazón») o la protagonista de «Kiki la aprendiz de bruja», Ghibli se ha caracterizado por poner al frente de sus películas a personajes femeninos que desafían estereotipos, tanto los del anime como los del cine en general. Cuando tuvo que resumir qué hace especiales a sus heroínas, Miyazaki lo tuvo claro: «puede que necesiten amigos, pero no salvadores».
El arte de este estudio se puede contemplar en el Museo Ghibli de Mitaka (Tokio). Dedicado a la historia del estudio, así como al arte de la animación en general, un lugar destaca tanto por sus contenidos como por una arquitectura supervisada por el propio Miyazaki, lo que le convierte en una Meca para los amantes del formato. Y en un misterio, también, porque hacer fotos en su interior está prohibidísimo.












