La jornada de este jueves ha venido marcada por dos películas muy sólidas que tratan sobre la dificultad de abordar los conflictos y lo sencillo que puede resultar que se precipiten los resultados

«El insulto” dirigida por Ziad Doueiri explica la historia de un cristiano libanés que un día de forma accidental moja a un operario palestino mientras realiza obras de mejora en el barrio. Lejos de ser una pequeña anécdota, el accidente se va complicando hasta llegar a los tribunales y movilizar a toda la nación.

Hay que felicitar a Doueiri por su habilidad para retratar la realidad de un país como el Líbano, donde la convivencia entre las diferentes religiones es extremadamente delicada y donde residen cerca de 450.000 palestinos apátridas.

Aunque Ziad Doueiri ha asegurado que detesta las controversias y especialmente si se le acusa de aprovecharse de ellas, lo cierto es que pone sobre la mesa qué pasa cuando dos posiciones enfrentadas chocas. Lejos de tomar partido por una parte, Doueiri se dedica a rascar la fachada para adentrarse en las motivaciones y las vivencias de cada parte. Para seguir adelante, el realizador libanés opina que es importante saber aceptar al prójimo tal como es, olvidar las guerras y no anclarse en el pasado porque en el fondo «todos somos víctimas”.

«El insulto” es la candidata a los Oscar por el Líbano el próximo año, aunque el gobierno ha querido desligarse de la película, y de las opiniones que se dan en ella, de forma explícita. Doueiri, que en la actualidad reside en Francia, ha comentado que le sorprendió no recibir ningún tipo de censura desde el gobierno. También ha comentado que en algunas cuestiones es la propia población la que puede llegar a ser tan intolerante o más que el propio gobierno. De hecho cualquier película que se estrene en el Líbano primero tiene que pasar por un comité formado por representantes de la sociedad como personas de la izquierda, de la derecha, musulmanes, cristianos entre otros.

Desde latitudes tradicionalmente mas pacíficas llega «Undir Trénu” («Bajo el árbol»), una comedia muy negra del islandés Hafsteinn Gunnar Sigurôsson. También en esta cinta un hecho aparentemente inofensivo desata una serie sucesos de consecuencias inesperadas. El objeto de la discordia es un gran árbol en el jardín de un matrimonio mayor. Para ser más exactos se debería decir que es la sombra del árbol lo que incomoda a los vecinos.

Gunnar Hafsteinn ha querido explicar que en un país como Islandia donde las horas de sol tan escasas, poder disfrutar de él al máximo no es tan baladí como se pudiera pensar. Tampoco es habitual tener grandes árboles, con lo que si uno posee uno en su propiedad, no aceptará de buen grado que los vecinos opinen sobre lo que tienen en sus dominios.

Sea como sea, si alguna vez tiene una disputa con un islandés, lo mejor que puede hacer es poner a sus mascotas a buen recaudo.