José Sacristán ha recibido este lunes -y no el sábado como es tradición, ya que el actor está de gira y el lunes es el día de descanso en los teatros, lo que le ha permitido desplazarse hasta Donosto- el Premio Nacional de Cinematografía, en un acto presidido por el Ministro de Cultura Miguel Iceta.

El actor ha dedicado su discurso “a todos los que le han creído” en los más de 60 años que lleva contando historias. Se lo creyó su abuela y se lo ha creído el público de cine, teatro y televisión durante más de seis décadas. Con una voz espectacular y emocionante, la suya, el actor José Sacristán recordó al chaval que se ponía unas plumas en la cabeza y le decía a su abuela que era un indio.

“¡Virgen Santa, un indio!, gritaba mi abuela. Se lo ha creído, decía yo. Cuando me comunicaron la concesión de este premio volví a oír el grito de mi abuela. Se lo han creído, me dije. Se han creído que era el estudiante, el pregonero, el de los globos, el recluta, el emigrante, el abogado, el ingeniero, el médico, el asesino… ¡Qué suerte la mía! Llevó más de 60 años sin dejar de jugar”. Minutos antes de recibir de manos del ministro de Cultura y Deporte, Miquel Iceta, el Premio Nacional de Cinematografía 2021 en el centro Tabakalera de San Sebastián, José Sacristán, Pepe, emocionó a todos los invitados al evento contando que había llegado hasta aquí “aprendiendo sobre la marcha. Trabajando, estudiando, investigando, curioseando, mirando con tanta certeza como inquietud, con tanto arrojo como temor, como suele ser habitual en el ánimo de los que nos dedicamos a esto”, apostilló el querido y conocido intérprete, que con sus gestos, silencios, posturas y palabras comunicó su pasión por contar historias, por ponerse la máscara como cuando jugaba de crío.

Una semana antes de celebrar su 84 cumpleaños, y en que el era su día de descanso –está de gira con la obra de teatro «Señora de rojo sobre fondo gris»-, el actor nacido en Chinchón recogió el premio entre sentidos aplausos y con el público puesto en pie.

Agradecido a todos “los que me echaron una mano”, Sacristán nombró a su compañera de vida, Amparo, a quien dio las gracias “por su cariño y amor”; a sus hijos, “a los que pido disculpas por el tiempo que les quitó el peliculero”; y se despidió con un recuerdo al recientemente desaparecido Mario Camus, “mi amigo y maestro”, citando a Miguel de Cervantes: “Si pudiera sacar mi corazón y ponerlo ante vuestros ojos, quitaría el trabajo a mi lengua de decir lo que apenas se puede pensar”.

El ministro de Cultura, Miquel Iceta, desglosó la biografía y prolífica filmografía de Sacristán, “un cómico de casta que decidió no quedarse atrás, y lo ha conseguido”, y resaltó que “su profundo respeto por tu profesión y la ética inquebrantable que tu trayectoria representa, te han convertido en un espejo en el que querríamos reflejarnos como sociedad”.

En la ceremonia intervino la actriz Aitana Sánchez-Gijón. La que ha sido su compañera en la serie «Velvet» durante casi cinco años manifestó que, como otros muchos, había crecido “disfrutando y admirando al hijo del Venancio y de la Nati, que encontró refugio en los cines y ya no quiso vivir en otro sitio”.