Ha fallecido a los 76 años el cineasta Roger Allers en su residencia de Santa Mónica este 17 de enero tras una breve enfermedad. Tenía 76 años y alcanzó la cima del éxito como codirector del clásico de Disney «El Rey León». Nacido en Nueva York en 1949, Allers cultivó su amor por el dibujo desde la infancia, una pasión que lo llevó a graduarse en Bellas Artes por la Universidad Estatal de Arizona. Antes de asumir el mando de grandes producciones, fue una pieza indispensable en la Disney durante su época dorada. Su talento como artista de guion gráfico y animador contribuyó al éxito de hitos como «La Sirenita», «La Bella y la Bestia» y «Aladdin», además de colaborar en «Tron» a principios de los ochenta.

Su gran oportunidad llegó en 1994, cuando debutó como director junto a Rob Minkoff en «El Rey León» que rompió récords de taquilla al recaudar 979 millones de dólares en su estreno, convirtiéndose en la película más exitosa de aquel año. La huella de Allers en esta obra se extendió más allá de la pantalla, ya que años después adaptó el libreto para el musical de Broadway, trabajo por el cual fue nominado al premio Tony.

A lo largo de su trayectoria, Allers demostró ser un artista inquieto que no temía explorar nuevos horizontes fuera de la casa del ratón. En 2006 codirigió «Colegas en el bosque» para Sony y recibió una nominación al Oscar por su cortometraje «La pequeña cerillera». Su sensibilidad artística alcanzó un punto álgido en 2015, cuando escribió y dirigió la ambiciosa adaptación animada de «El profeta de Kahlil Gibran», basada en la obra de Kahlil Gibran, demostrando su compromiso con una animación más reflexiva.

El director ejecutivo de Disney, Bob Iger, ha dicho: «Roger Allers fue un visionario creativo cuyas numerosas contribuciones a Disney perdurarán por generaciones. Comprendió el poder de una gran narrativa: cómo personajes inolvidables, emoción y música pueden unirse para crear algo atemporal. Su trabajo contribuyó a definir una era de la animación que sigue inspirando al público de todo el mundo».

El productor Don Hahn, amigo cercano y colaborador en sus años más brillantes, dedicó unas emotivas palabras para definir su legado personal. «De vez en cuando, la vida nos pone a alguien en el camino que nos ayuda a ver con más claridad», escribió Hahn. «Roger fue esa persona para mí y para muchos de los que trabajamos con él. Era una persona excepcional: infinitamente curioso, juguetón y profundamente humano, siempre dispuesto a contar historias que nos recordaran las maravillas de la vida».

Al fallecer, Allers marca el fin de una era para quienes crecieron con el renacimiento de la animación tradicional, pero su obra permanece como un testimonio de su curiosidad infinita. Como bien señaló Hahn en su despedida, Roger «sigue vivo en su obra y en los corazones de todos los que tuvimos la suerte de conocerle».