Tom Stoppard, uno de los grandes nombres del teatro contemporáneo en lengua inglesa y prestigioso guionista de cine, murió ayer 28 de noviembre a los 88 años en su casa de Dorset, al sur de Inglaterra, rodeado de su familia. Autor de obras clave como «Rosencrantz y Guildenstern han muerto», «Arcadia» o «Leopoldstadt», además de ganador de un Óscar por el guion de la película «Shakespeare enamorado», fue durante más de medio siglo el paradigma de dramaturgo deslumbrante, provisto de una agudeza verbal capaz de abrir en canal las verdades más profundas de este mundo y el más allá.
Su éxito fue inmediato, y Stoppard se convirtió en guionista de televisión y un dramaturgo de considerable éxito. En inglés se llegó a acuñar el adjetivo «stoppardiano» para describir «temas filosóficos tratados con ingenio, ironía y una complejidad lingüística notable, a menudo con múltiples líneas temporales». No obstante, Stoppard era un hombre modesto. Llevaba a gala no haber pisado la universidad y describía su trayectoria como la de «un periodista que fue derivando hacia el teatro, sin perder el placer de escuchar a las personas».
Nacido en Checoslovaquia bajo el nombre de Tomás Straussler, el nazismo marcó su vida: su familia huyó a Singapur y, tras la invasión japonesa, a la India. En 1946 su madre se casó con un oficial británico y el futuro dramaturgo recibió su apellido. Tardó 50 años en saber que sus cuatro abuelos habían muerto en campos de concentración y conocer su herencia judía.
Su fama llegó en la década de los 70 con «Rosencrantz and Guildenstern han muerto», que gira en torno a dos personajes secundarios de «Hamlet» que no entienden su papel en la obra de Shakespeare y que posteriormente sería llevada al cine. Esa realidad tragicómica tocaba muy de cerca a Stoppard.
Sin embargo, su carrera alcanzó fama internacional cuando probó suerte con el séptimo arte, coescribiendo en 1985 el guion del clásico de Terry Gilliam «Brazil», por el que estuvo nominado al premio Oscar. Este galardón lo ganaría 13 años después por el libreto de «Shakespeare enamorado». Con una larga carrera en el National Theatre de Londres, alcanzó fama internacional como guionista cinematográfico, gracias a títulos como «El imperio del sol» o «La casa Rusia».
Las obras de Stoppard trataron temas tan variados como el judaísmo, el comunismo soviético, la ética periodística, el adulterio o el deporte. En el cine, optó por dramas decimonónicos o historias bélicas, más allá de la excepción de «Brazil».













