El 21 de noviembre su pareja Esperanza Roy recibió en su nombre y en el del director la Medalla de Oro de la Academia

Autor de un cine personal y poco habitual, y también de un cine comercial con varios éxitos de taquilla, Javier Aguirre ha fallecido este miércoles 4 de diciembre en Madrid, a los 84 años de edad. Reconocido con la Medalla de Oro de la Academia junto a su pareja, la actriz Esperanza Roy, que el pasado 21 de noviembre recibió este premio en su nombre y en el del cineasta vasco, Aguirre comenzó a principios de los 60 con cortos experimentales y de vanguardia que fueron premiados en festivales, entre ellos la Concha de Oro al mejor cortometraje en San Sebastián.

Realizador, guionista, productor y director de fotografía, al cineasta donostiarra siempre le interesó el anti-cine, según su propia definición, e indagar en el lenguaje. En su ecléctica filmografía, que supera los 80 títulos, figuran «Una vez al año ser hippy no hace daño», «Pierna creciente, falda menguante», «Soltera y madre en la vida», «De profesión sus labores», «Esposa de día, amante de noche», «En busca del huevo perdido»; películas con Los Bravos, Raphael, María Jesús y su acordeón, el grupo Parchís y Martes y Trece; el monólogo «Vida / perra»; y «Variaciones 1/113», que reproduce 113 veces, con ligeras alteraciones, el beso entre Javier Bardem e Inés Sastre.

Protagonista de «(aguirre)», documental que se presentó en el Festival de Málaga, su último trabajo estrenado fue «Sol», obra sobre la madrileña Puerta del Sol rodado en dos épocas –de 1967 a 1970 en blanco y negro, y la contemporánea filmada entre 2005 y 2009 en color–.

Javier Aguirre nació un año antes de que empezara la guerra y fue un cineasta precoz que con 15 años publicó su primera crítica cinematográfica, con 17 fundó el primer cine-club de San Sebastián, su ciudad, y con 19 realizó su primera película amateur en la que dio su primer papel a Alfredo Landa. Durante seis décadas logró conectar con el gran público y también dedicarse al cine de vanguardia y a investigar el lenguaje cinematográfico. Dos vertientes contrapuestas que desarrolló de forma paralela. Festivales de todo el mundo abrazaron sus cortos, con los que empezó haciendo cine experimental, y su salto al largometraje, «Los chicos con las chicas», con Los Bravos, está entre las cien películas más taquilleras de nuestro cine. Trabajó con Adolfo Marsillach, Fernando Fernán Gómez, Javier Bardem, Julieta Serrano, Berta Riaza, Mary Carrillo, Emma Cohen, Sara Montiel, Francisco Rabal, María Jesús Valdés, José Sacristán, Manuel de Blas, Santiago Segura, Paul Naschy, Lina Morgan, Martes y Trece, Raphael, Parchis, Torrebuno y con Esperanza Roy, con la que formó un tándem de los más únicos de la historia del cine español.

Las inolvidables «Carne apaleada», «Vida/perra», «La monja alférez» y «Medea 2», son algunas de las películas en las que Roy fue dirigida por Aguirre, un artista con los ojos siempre puestos en otras artes, por lo que en sus obras se arropó de músicos, plásticos y poetas.

A Esperanza Roy y a Javier Aguirre les unió el arte, empezaron su amistad «con admiración; luego vino el deseo; luego, el amor; y ha terminado con admiración, que es el sentimiento más poderoso y puro que tenemos”, declaró emocionada la actriz cuando recogió la Medalla de Oro de la Academia de Cine de manos de Julieta Serrano. Un acto en el que la veterana intérprete rememoró el día en que le llamó el presidente de la Academia, Mariano Barroso, para anunciarle el premio. «Javier se alegró por mí y yo me alegré por Javier”.

Arropada por numerosos amigos y compañeros del cine, el teatro y la revista, Roy dijo que en Aguirre encontró a un hombre «que le hablaba de arte, que era honrado y que como director me exigía una barbaridad, nunca me puso de gran estrella”.

«Esta Medalla de Oro me parece un acto de justicia poética en el caso de un hombre que ha amado el cine sobre todas las cosas y le ha dedicado su larga vida como crítico, luego como director, guionista, productor y, siempre, siempre, espectador”, manifestó la directora y guionista Arantxa Aguirre, quién dio las gracias a su padre «por descubrirme tantas películas, algunas de ellas tuyas, que he visto junto a ti”.