Al ver “Una noche sin luna”, en el teatro Español de Madrid, uno recordó la “Doña Rosita” de Nuria Espert o aquella “Yerma” con los pechos desnudos de esta actriz, “El Público” dirigido por Lluis Pasqual, o la “Doña Rosita” de Verónica Forqué, o aquel remoto verano de sol en el que leyó, una detrás de otra, todas las obras teatrales de Federico García Lorca, porque “Una noche sin luna”, espectáculo de una atmósfera poética desgarrada y dulce, escrito y colosalmente interpretado por Juan Diego Botto con una intensa dirección escénica de Sergio Peris Mencheta, sitúa a Federico delante del espectador, vivo, vivisímo, actual y eterno. Un texto inspirado en las entrevistas y conferencias de Lorca. “Una noche sin luna” muestra a un Federico delicado, ocurrente, hablador, inteligente, débil y fuerte, y, al mismo tiempo, refleja la reivindicación de su muerte, de su desaparición, en una España feroz y sanguinaria, oscura, parecida, sí, a la actual, pero –ojalá- sólo sea en la epidermis.

“Una noche sin luna” ahonda en el drama en el que casi permanentemente vivió Federico: por su homosexualidad, por su país. Por el teatro. Las autoridades prohibieron el estreno de “Don Perlimplín…”, su primera pieza, con todo ya dispuesto, y confiscaron las copias del texto. Federico reflexionó, además, casi obsesivamente sobre el teatro. “Hay que hacer un teatro bajo la arena para conocer las sepulturas (…) ¿Cómo se trae el olor del mar a un teatro?”. Y Juan Diego Botto no para sobre el escenario, con una escenografía a veces dura y a veces poética, coge unas tablas, las coloca, las tira, ata cuerdas, las desata, mientras es Federico y es también otros personajes, entre ellos uno absolutamente brutal que esgrime los argumentos de la España eterna -¿de la España “de bien”?-.

Hay un inicio sorprendente y envolvente, en todo caso inesperado, continuas rupturas de la cuarta pared, pero, sobre todo, hay emoción, muchísima emoción. Y la reflexión en torno a la pregunta que se formula Lorca: “¿Por qué me fusilaron?”. Finalmente, la respuesta: “Me mataron porque el rumbo que fue tomando el país y las decisiones que fui adoptando yo colisionaron en algún momento”. Federico asesinado. Y herido en vida. “Cuando yo era pequeño, en el colegio, me llamaban Federica. Y un crítico teatral en un artículo me llamó Federico García LOCA”. Federico amaba la luna. Escribió mucho sobre la luna. Lo asesinaron una noche sin luna.