«Farsa y licencia de la reina castiza», de Ramón del Valle-Inclán, es una sátira despiadada de la España isabelina, donde la política, la monarquía y el pueblo se funden en un carnaval grotesco. En un Madrid de sainete y miseria, Isabel II y su corte desfilan como figuras ridículas, atrapadas en un mundo de corrupción, farsa y doble moral. Valle-Inclán utiliza el esperpento y un lenguaje popular cargado de ironía para desnudar la decadencia de una época, retratando a una sociedad donde lo trágico y lo cómico se confunden. Con ritmo ágil y escenas cargadas de teatralidad, la obra es un retrato feroz de un país cíclico, marcado por el abuso de poder, la hipocresía y el absurdo.

El elenco de la obra está integrado por Miguel Ángel Amor, Paula Iwasaki, Alejandro Pau, Aisa Pérez, Rafael Ortiz e Isabel Zamora. La versión y dirección la firma Ana Zamora, que cuenta sobre la función: «La metáfora del Theatrum mundi remite, para aquellos que nos dedicamos habitualmente al teatro clásico, a un sentido calderoniano, reverencial, teológico. Por eso, no deja de ser gozoso enfrentarse a la obra de Valle- Inclán, quien, a través del tópico literario, entiende nuestra realidad más trascendente como ridículo teatrillo de guiñol, tablado de bulevar, chirigota caricaturesca reflejo de un mundo caduco, absurdo y corrupto. ¡Qué capacidad de cachondeo, de señalar la miseria nacional, de atacar los pilares de un gobierno y una sociedad que se ha convertido en retablo de fantoches! ¡Qué elocuencia a la hora de muñequizar y ridiculizar la sórdida España de la pornografía orgiástica atribuida a los Borbones, para convertirla en tablado de marionetas de afán regeneracionista!»

Ana Zamora añade: «Quizá Valle-Inclán podría ser considerado el padre del teatro documento en España, o más bien del teatro documento a la española. Aquí la denuncia política y social, no se genera en la línea canónica del género teatral que está naciendo en la Alemania de aquellos felices años 20. Farsa y licencia de la reina castiza, nos presenta una serie de hechos, más o menos documentados históricamente, desde una convención escénica absolutamente guasona, constituyendo una crítica feroz del reinado de Isabel II, que se refleja en el de Alfonso XIII (coetáneo del autor), y se proyecta vivamente en nuestro presente. Valle-Inclán es un visionario, y su teatro un juego maravilloso que, sin perder un ápice de su propia entidad artística, no deja de ser advertencia hacia un país que se desmorona»

«Farsa y licencia de la reina castiza» permanecerá en la sala pequeña – Margarita Xirgu del Teatro Español de Madrid hasta el 26 de julio.