«RIII (La tragedia de Ricardo Tercero)», de Jorge Eines LLEGA AL TEATRO ESPAÑOL DE MADRID

El director y pedagogo Jorge Eines recupera el sinsentido del Holocausto a través de la dramaturgia de William Shakespeare con la obra «RIII (La tragedia de Ricardo Tercero)», donde reflexiona acerca de la condición humana. El Teatro Español de Madrid acogerá este montaje desde este viernes 8 hasta el 17 de abril. En este montaje participan ocho actores que se meten en la piel de todos los personajes que aparecen en la obra de Shakespeare: Martijn Kuiper, Agnes Kiraly, Dani Méndez, Carmen Vals, Danai Querol, Begoña Sánchez, Guzmán López y Carlos Enri.

«La muerte y el poder son los orígenes de los mayores desastres de la historia del ser humano. Entre ellos, el Holocausto ha sido el mayor de todos», ha afirmado Jorge Eines, pera quién la «shoah» es el «eje de la comprensión de la condición humana, y en este montaje pretende dejar testimonio de ello». La libertad y la muerte. A la entrada de los campos de concentración y de exterminio había un cartel que decía: «Trabajar te hace libre». En el mundo de Ricardo III se es libre matando. Se mata como decisión que conduce al poder. ¿Para qué el poder? Para tener la libertad de seguir matando. Eso es Ricardo III. La libertad de matar. Una obra que nos habla de la muerte. De la arbitrariedad que supone matar para conseguir el poder. De la banalidad del mal.
La función se desarrolla en plena II Guerra Mundial, con un campo de concentración nazi como telón de fondo. En él, varios prisioneros tienen que representar una obra de teatro para sobrevivir, ‘Ricardo III’. El montaje se convierte en una paradoja de cómo el ser humano es capaz de admirar lo peor y lo mejor, Hitler y Shakespeare.
Tras haber participado en cerca de 40 montajes, Jorge Eines afirma que hasta ahora no se sentía «capacitado para abordar una dificultad de la magnitud como la que propone Shakespeare, hasta que no corroboró que había algunos problemas que si se podían resolver y así ser comprendidos y recibidos por parte del espectador». Para el director de «RIII (La tragedia de Ricardo Tercero)», los dos problemas con Shakesperare es que muchas veces no se entiende lo que está ocurriendo y, además, «al actor le cuesta mucho habitar los personajes con la intensidad que los conflictos requieren». A su juicio, el teatro no produce revoluciones pero permite que la gente se plantee muchas cosas. En este sentido, afirma que le interesa un teatro que «inquiete», y no uno que se dirige a un público «tonto», porque «el peor elogio que uno puede recibir es el de ser un imbécil». «La imbecilidad es proporcional a la dificultad de apagar el televisor, y el teatro es una forma de apagarlo», indica.