“El secuestro” es una comedia que beneficia seriamente la salud. Una comedia dinámica, brillante, risueña y veraniega (si miramos el mapa político último ya no hay veranos, sólo frío, pero afortunadamente el teatro nos sigue proporcionando veranos). La comedia teatral es un género dificilísimo. Exige un texto sólido y una interpretación creíble: una compleja aproximación a la excelencia porque la risa escasea infinitamente más que las lágrimas. “El secuestro”, de Fran Nortes, que se representa en el madrileño Teatro Lara («La Bombonera de Don Cándido»), tiene un texto de trazo sólido y de impecables hechuras, y se sustenta en una lograda carpintería teatral. Un libreto magnífico en las réplicas y contrarréplicas de los personajes, en los giros de la historia, hasta hacer creíble lo inverosímil en medio del jolgorio y de los aplausos de la platea durante la función. Y ese salto a la credibilidad lo proporcionan finalmente los actores, claro, que miden con milimétrica exactitud los gestos y el nivel hasta el que pueden conducir la actuación para que no se convierta en sobreactuación: para que todo se aproxime a la vida real, que también es disparatada y absurda como una obra de teatro.

Leo Rivera aporta un derroche de vis cómica, tan suya, y esa forma de hablar de un trabajador de un mercado de abastos, un hombre de la calle metido a sindicalista de medianas luces y convicciones, al que los antidisturbios alcanzan en una manifestación con un pelotazo en sálvese la parte y él se siente satisfecho del escozor al rojo vivo porque quizás se publique la fotografía en El País. Carlos Chamarro es el carnicero desesperado e íntegro, que lucha extravagantemente para no precipitarse a los márgenes de la vida. Y Diana Lázaro encarna a la mujer fuerte, sin miedo y con tipazo de vestido rojo, que elude el vértigo empuñando con un par un pistolón. Sobresalientes también Carlos Heredia y Óscar Lasarte.

La corrupción inmobiliaria está en el fondo de esta comedia, un asunto muy serio que el dramaturgo y los protagonistas convierten en carcajadas. Pero la denuncia qeda ahí. Paco (Carlos Chamarro) tiene 50 años, una hija pequeña, una hipoteca, es carnicero, y van a cerrar el mercado en el que él y 28 familias más han trabajado durante toda la vida. Porque un político corrupto se lleva un puñado de millones de euros en la operación. Político que engaña a los promotores. Y que también es engañado. Pero todo da vueltas. Giros en la sonrisa del espectador. Regates imprevistos. Hasta que el político exclama: “No voy a consentir que tres tenderos del Atleti me jodan una operación de millones de euros”. Pues aquí ganan los tenderos y el Atleti, que para eso estamos en el teatro.

La ovación final, el martes, tarde del estreno, fue prolongadísima.