Adrián Silvestre ha llevado a la gran pantalla la vida de Raphaëlle Pérez para reflexionar sobre la identidad de género en «Mi vacío y yo», su nuevo largometraje con el que compite en la Sección Oficial del Festival de Málaga. Habla de un vacío emocional y de la búsqueda de identidad que puede sentir cualquiera, más allá de su condición de género. Silvestre ha definido su película como un fragmento de la vida de su actriz protagonista. Se ha propuesto relatar sus historias y experiencias más íntimas en forma de ficción, pero con mucho de verdad. Se trata de un proceso muy íntimo, muy vinculado a la amistad, “que habla de algo que nos apela a todos, de cómo construimos la verdad a partir de la mirada de los demás y a pesar de los demás”.

Todo empezó cuando el director conoció a su protagonista hace cinco años. Pérez ha relatado que se conocieron en un grupo de mujeres trans, dedicado a dar información a las mujeres que deciden dar el paso hacia la cirugía. Ella no solo quería informarse de este proceso, sino también conocer a más chicas como ella. Casualmente Adrián acudió a ellas para impartir unos talleres de cine en el centro cívico de la Barceloneta. Pérez decidió tirarse a la piscina y presentarle algunos de los relatos íntimos que tenía escritos sin saber que podrían llegar algún día a la gran pantalla. La escritura ha sido una herramienta terapéutica para ella. Por eso le encanta escribir y ha informado de que se encuentra culminando una novela. Silvestre descubrió que tenía un talento increíble para relatar historias muy específicas que fueron forjando el camino hacia su identidad. Han trabajado sintiéndose como parte de una pequeña familia. Y aunque se centra en la identidad de género, trasciende mucho más allá.

A la hora de interpretar nunca le dio a los actores esquemas cerrados de trabajo porque apuesta por la libertad y la improvisación con el objetivo de que todo sea más orgánico y natural. Para Pérez la escena sexual ha sido la más difícil de rodar, “una de las más duras”. Sobre ella ha confesado que escenifica una crisis de ansiedad que también experimenta en la vida real, cuando comienza a actuar e incluso cuando expone un cuerpo que no le representa. Sin embargo ha reivindicado que ha sido una experiencia necesaria y de la que no se arrepiente en absoluto.

El equipo ha concluido la rueda de prensa afirmando que la cinta habla de la carne, del cuerpo, del sexo y de reconciliarnos con lo que tenemos. No querían dulcificar las escenas ni caer en el morbo y se sienten muy orgullosos del resultado. Sus productoras Marta Figueras y Alba Sotorra se sienten seguras de que las inseguridades retratadas en la película son las mismas que experimentan el 90 por ciento de las mujeres, al margen de su identidad de género. Silvestre ha culminado su intervención aseverando que comunidad trans forma parte de la humanidad y no puede dejar de ser representada. Lo que más le gustó de Raphaëlle fue su valentía e inteligencia emocional.