La obra “Aladino y la lámpara” reúne las cualidades más reconocibles de La Bicicleta, la compañía estable de la sala Sanpol de Madrid, que lleva lustros haciendo teatro familiar de altísimo nivel: una cuidada puesta en escena; una interpretación dirigida a calar en los niños y en los mayores; escrupuloso respeto a la tradición de las obras que representan; y la sensacional recreación de la atmósfera de las piezas que suben a las tablas. “Aladino…” es un espectáculo poético, divertido, risueño, colorista, que cuenta la historia del genio sabio y burlón atrapado en el interior de la minúscula lámpara, con una escenografía espléndida y unas constantes imágenes bellísimas en el contexto oriental de los narraciones de “Las mil y una noches”. Este espectáculo destaca, entre otras cosas, por su extraordinaria calidad visual.

Aladino es pobre, juguetón, atrevido y, sobre todo, valiente. Su madre, al principio, se lamenta: “Es un muchacho holgazán que está todo el día en la calle sin oficio ni beneficio”. Pero Aladino y la princesa se enamoran y toda la historia gira en torno a que, por fin, logren ser felices (y comer perdices) en medio de las intrigas palaciegas del brujo que intenta contraer matrimonio con la chica, atraído no por el amor sino por el ansia de poder y de dinero. La interpretación de todo el elenco resulta acertada y convincente: Marina Damer, Ismael Alvéndiz, Carlos London, Víctor Benedé, Natalia Jara y Javier Ibarz.

La función tiene capacidad de narrar, de contar, algo que, en gran medida, se está perdiendo desgraciadamente en el teatro actual. Y este “Aladino…” es, sobre todo, una emocionante historia de superación, entre alfombras voladoras, danzas orientales, y palacios que aparecen y desaparecen. Significa, claro, el triunfo del bien: una apuesta por el valor y la osadía. Aunque el genio burlón ayude a todo ello desde la lámpara de la que finalmente se libera. Un musical amable. De calidad.