José Giovanni, figura indiscutible de la edad de oro del policíaco francés será el gran protagonista de la retrospectiva del 74 Festival Internacional de San Sebastián. Integrarán el ciclo un total de 20 largometrajes estrenados entre 1960 y 2001.
Giovanni dirigió una quincena de películas y trabajó como guionista o adaptador con Jacques Becker, Jean-Pierre Melville, Jacques Deray, Claude Sautet, Henri Verneuil y Robert Enrico. Entre los títulos que se proyectarán destacan los dirigidos por José Giovanni «Caza sin cuartel» (1968), «Último domicilio conocido» (1970), «La puerta cerrada» (1971), «Où est passé Tom?» (1971), «El clan de los Marselleses» (1972), «Alias El Gitano» (1975), «Les Égouts du paradis» (1979), «»Une robe noire pour un tueur» (1981), «Dos hombres en Les Loups entre eux» (1985), «Mon ami le traître» (1988) o «Mon père, il m’a sauvé la vie» (2001)
José Giovanni (1923-2004), nacido Joseph Antoine Roger Damiani en París, en el seno de una familia acomodada de origen corso, escribió algunas de las páginas más brillantes tanto de la novela policíaca como del polar, el cine policíaco francés, tan influyente como el film noir estadounidense. Fue antes novelista, adaptador y guionista, pero cuando tomó las riendas de sus propios proyectos como director, estableció una mirada y una estética en el policial francés pareja a la de sus autores más reputados, Jean-Pierre Melville o Jacques Deray. Con ambos colaboró estrechamente en un momento, la primera mitad de los años 60, en el que tener a Giovanni en los créditos suponía una garantía de interés y de éxito cuando el policíaco era uno de los géneros más sólidos del cine francés.
Tuvo una vida ajetreada y compleja, repleta de zonas oscuras. De ella extrajo no pocos elementos argumentales para sus novelas. Su irrupción en el cine fue por la puerta grande: Jacques Becker se fijó en su novela «La evasión», en la que Giovanni relataba su estancia en la cárcel –acusado de asesinato y condenado a muerte, aunque la pena capital le fue conmutada por trabajos forzados–, y decidió llevarla a la pantalla. La conexión con el escritor fue inmediata y Giovanni, que había sido contratado como consejero técnico, terminó ejerciendo de coguionista de «La evasión» (1960). Fue la obra póstuma de Becker y pudo verse en la retrospectiva que el Festival de San Sebastián dedico al director en 2016.
Giovanni publicó «La evasión» en 1958, año y medio después de salir de prisión. Poco después ya era uno de los escritores incluidos en la prestigiosa Série Noire, la colección de libros policíacos que había ideado Marcel Duhamel en la editorial Gallimard y que marcó una nueva y moderna apreciación de la literatura criminal, incluyendo las traducciones al francés de los clásicos norteamericanos. Su tercera novela, «Classe tous risques» (1958), dio pie a «A todo riesgo» (1960), de Claude Sautet, en la que Giovanni ejerció también de guionista. Y la segunda, «Le Deuxième souffle» (1958), fue adaptada años más tarde por Jean-Pierre Melville en uno de los títulos clave del polar, «Hasta el último aliento» (1966). Tanto este filme como el de Sautet, a quien el Festival dedicó una retrospectiva en 2022, contaron con Lino Ventura, uno de los intérpretes clave del género junto a Jean Gabin y Alain Delon.
Otra de sus novelas del productivo año 1958, «L’Excommunié», sirvió de base para «Un tal La Rocca» (1961), película protagonizada por Jean-Paul Belmondo y en la que se prolongaba la buena relación con los Becker: fue dirigida por Jean Becker, hijo de Jacques. En 1963 inició como guionista su fructífera colaboración con el director Jacques Deray –»Ronda de crímenes» (1963), «Rififí en Tokio» (1963), «El hombre de Marrakech» (1966) y «Red siniestra» (1966)–, y tres años después lo hizo con Robert Enrico –»Los rufianes» (1966), «Tres aventureros» (1967) y «¡Ho!» (1968)–. Pero para entonces Giovanni ya barruntaba su paso a la dirección. Debutó tras la cámara con «La ley del superviviente» (1967), un polar en tiempos bélicos en el que aparecen tres de sus motivos temáticos principales: la Resistencia Francesa durante la II Guerra Mundial, los ambientes de Córcega y la traición.
A partir de este momento, y con la sola excepción de «El clan de los sicilianos» (1969) de Henri Verneuil –obra clave del polar, guion modélico de Giovanni a partir de la novela de Auguste Le Breton y reunión de alto voltaje entre Ventura, Delon y Gabin–, nuestro protagonista se dedicó principalmente a la dirección. Y si bien en sus películas hay rasgos de todos los cineastas con los que trabajó, no tardó en imponer un estilo propio, crudo y directo, adaptándose a sí mismo o a otros escritores, en filmes en los que mostró a asesinos a sueldo, policías de barrio, jóvenes rebeldes enfrentados al sistema, el hampa marsellesa, delincuentes que no pueden reinsertarse en la sociedad, ladrones marginales que viven según sus códigos, robos a gran escala, presidiarios que intentan demostrar su inocencia o buscadores de oro. Un estilo tan agitado como lo fue su propia existencia, muy física y aventurera: por ejemplo, practicó la escalada tanto alpina como urbana, y en una ocasión escaló hasta lo alto de la Torre Eiffel.
De entre los quince largometrajes que dirigió, además de dos filmes para televisión y tres episodios de un par de series, destacan «Caza sin cuartel» (1968), «Último domicilio conocido» (1970) –ambas con Ventura–, «La puerta cerrada» (1971), «El clan de los marselleses» (1972) –con Belmondo, Claudia Cardinale y el actor fetiche de Giovanni, Michel Constantin–, «Dos hombres en la ciudad» (1973) –con Delon y Gabin compartiendo protagonismo–, «Alias el gitano» (1975) –producida e interpretada por Delon– y «Une robe noire pour un tueur» (1981), con Annie Girardot. En sus dos últimas películas, «Mon ami le traître» (1988) y «Mi padre» (2001) –coescrita con Bertrand Tavernier– reflexionó desde la ficción sobre aspectos determinantes de su propia vida.
Organizado por el Festival y Euskadiko Filmategia-Filmoteca Vasca, en colaboración con Filmoteca Española, la retrospectiva se completará con un libro sobre la obra completa de José Giovanni escrito por Felipe Cabrerizo.











