«La fam», una producción suiza que cuestiona el sistema de casas de acogida para jóvenes y «El acontecimiento», producción francesa sobre una joven con un brillante futuro cuyas espectativas de vida se desvanecen yal quedarse embarazada y no conseguir abortar, han removido conciencias en la Seminci.

«La fam», es el tercer largometraje del director suizo Fred Baillif, que combina realidad y ficción para mostrar cómo en esos centros de acogida para adolescentes «la distancia profesional» deja en un segundo plano «el aspecto emocional». Se trarta de una película con la que el cineasta trata de responder a la pregunta de «si los trabajadores sociales pueden realmente ayudar a los jóvenes con problemas manteniendo con ellos una distancia profesional». «Quería contar vivencias con las que me he encontrado mientras trabajaba como educador social», ha comentado en el encuentro que ha mantenido hoy con los medios de comunicación en el Salón de los Espejos del Teatro Calderón, sede de Seminci. «Y también hablar de los abusos sexuales, porque es un tema de actualidad pero que siempre ha estado ahí, yo he conocido el testimonio de muchas mujeres que los han sufrido y quería que eso tuviera protagonismo en la película», ha añadido.

«La Fam», que entremezcla ficción y realidad, ahonda en el día a día de un hogar temporal juvenil para víctimas de abusos, atendido por asistentes sociales, y cuestiona el sistema de casas de acogida para niños y jóvenes en Suiza y, por extensión, en otros países europeos. En este sentido, Baillif ha remarcado que «en esos centros se pone en primer plano la protección de los jóvenes, por delante del aspecto emocional, algo que no les beneficia». «Es un fallo del sistema», ha expresado el cineasta, para quien este filme supone su tercer largometraje.

Para preparar la película, fue a visitar uno de los centros que conocía de su etapa como educador social, donde conoció a Claudia Grob, su directora, que en la película interpreta a Lora, personaje basado en sí misma. «Le gustó mucho el proyecto y durante dos años trabajamos con las chicas en talleres de improvisación y documentándonos», ha señalado el cineasta, que ha repasado ante los medios de comunicación cómo fue el rodaje de la película, que realizó cámara en mano: «Se hizo así porque quería estar muy cerca de las caras de las protagonistas para mostrar su realidad».

«Dentro de la casa de acogida, era difícil saber dónde colocar la cámara por si en un momento dado una de las chicas salía corriendo, así que este método me ha permitido tener mucha flexibilidad y poder adaptarme a las circunstancias para darle a la película más realismo», ha continuado. «Las protagonistas no son actrices profesionales», ha recordado, «ellas no han grabado 15 tomas de una misma escena, sino que hacían tomas muy largas». «Todo era menos profesional pero más real, se captaba su naturalidad», ha añadido. Por esa razón, el director ha asegurado que «el guion lo han construido, sobre todo, las protagonistas». «No podía sentarme a escribir diálogos de algo tan real, pensaba que nadie podía contarlo mejor que ellas», ha comentado.

Dos de esas protagonistas han acompañado a Baillif en su encuentro con la prensa en Valladolid: Anaïs Uldry, que sí tiene la experiencia de vivir en un hogar de acogida, y Charlie Areddy, hija del director de fotografía, que «iba a ser figurante». Tras verla en el rodaje de una escena en la que participa, Baillif decidió que tuviera un papel principal. Para ella, la mayor dificultad ha estado, precisamente, en «no haber vivido en uno de esos centros», por lo que construir el papel le ha sido «difícil, aunque maravilloso». Para ambas, participar en este proyecto ha sido «una experiencia impresionante». «Fred nos retiraba cinco minutos antes de cada escena y nos decía lo que iba a pasar en rasgos generales, y, a partir de ahí, teníamos que improvisar, lo que resultaba muy emocionante», ha relatado Uldry.

Esa «libertad» a la hora de rodar le ha permitido al director «transformar las dificultades en ventajas». «Teníamos muchos problemas para conciliar horarios con las chicas y, a veces, no estaban cuando íbamos a rodar», ha contado, «así que íbamos improvisando, lo que ha dado lugar, por ejemplo, a una escena de Charlie que no estaba prevista y que finalmente se añadió en la película». Baillif también ha hecho referencia a la estructura del filme, con escenas que crean círculos narrativos: «No es algo casual: me pareció interesante para mantener el drama durante toda la película, deconstruyendo y desgranando todo poco a poco».

«Dos semanas antes de comenzar con el rodaje de la película, el centro en que íbamos a trabajar nos cerró las puertas», ha explicado el director, «porque entró una nueva directora que creyó que debía proteger a las chicas de este proyecto». «Algunas de ellas eran mayores de edad y han participado igualmente, pero dos eran menores y no han podido», ha señalado Baillif, que buscó otra casa de acogida en la que poder rodar. «Esto me dio muchas más ganas y motivación para denunciar lo que ocurre en estos centros», ha asegurado.

«El acontecimiento» fue la película galardonada con el León de Oro en el pasado Festival de Venecia. Se trata de una historia muy dura en torno al tema del aborto, pero desde la perspectiva de la joven adolescente que se enfrenta a él. Dirigida por Audrey Diwan, muestra a una joven estudiante de letras (extraordinaria Anamaria Vartolomei), primera de su familia que accede a la universidad, que ve peligrar su futuro como escritora cuando se queda embarazada. Ambientada en la Francia de los años 60, cuando abortar era considerado como un delito penado con la cárcel, la protagonista se enfrenta al dilema de arriesgar su vida y abortar o tener el bebé y sacrificar su futuro: «Lo primero que pensé fue en el cuerpo de esa joven, lo que debió sufrir desde que supo que estaba ambarazada.

Con imágenes muy duras la película muestra con realismo la vivencia de un embarazo no deseado y su interrupción de forma clandestina, poniéndose en manos de quienes lo practicaban de manera oculyta y con un enorme peligro. La película incide en el distanciamiento de las amigas de la protagonista cuando saben que está embarazada, el silencio de los médicos que, por supuesto, no la ayudan, o el desinterés y la falta de sensibilidad de los hombresue la rodean, que por supuesto no llegan a comprender el conflicto que para ella supone ese embarazo.

El personaje de la joven protagonista, una «renegada social» que se mueve en un entorno ajeno a ella, permite abordar también el tema del deseo y el placer carnal más allá de los sentimientos, un aspecto de gran relevancia para la directora, autora también del guion, inspirado en la novela homónima de Annie Ernaux, de tintes autobiográficos, que ha plasmado con honestidad, la realidad de una época, una realidad que aún está presente en muchos paí