Las figuras de Emiliano Zapata y del Che Guevara han suscitado diferentes miradas cinematográficas

Por Lucía Carrión Mercader

Hasta hace apenas veinte años el cine no ha gozado de cierta libertad de expresión política y social, eso no quiere decir que no se hayan realizado filmes revolucionarios o comprometidos, pero sí, que tenían muchas menos posibilidades comerciales. Existe una inmensidad de películas, de muy diversas naturalezas, que representan los distintos regímenes políticos existentes desde poco después del nacimiento del cine hasta hoy en día.

Las localizaciones son muchas veces lo que conforman el carácter central de una narración fílmica, tal y como ocurre en «El tercer hombre» (1949) de Carol Reed que muestra detalladamente, aunque como telón de fondo, las múltiples ruinas de la posguerra en Viena. El cine de principios de la Guerra Fría no solo sabe retratar las barbaries de la guerra trasladando a los actores físicamente a las auténticas localizaciones. Además, comienza a utilizar imágenes documentales de archivo que se introducen en los films de ficción, pareciendo así algo más realistas. «El extraño» (1946) de Orson Welles, es una de las pioneras, al mostar un conjunto de imágenes documentales grabadas en los campos de concentración nazi.

Pasada la Gran Depresión, en Estados Unidos el cine comienza a retratar el estado de la sociedad con algo menos de edulcorante. «Todos los hombres del rey» / «El político» (1949) se basa en una novela para mostrar explícitamente la falta de escrúpulo político del momento, contando la historia de una cruel ascensión al poder. Aunque, el cine se estuviera soltando la melena en política interior, la política exterior del momento seguía bien definida por los gobernantes. Un caso destacable es el de Ronald Reagan, que debutó como actor antes de llegar a presidente de EEUU, representando a un liberador que hace frente a los comunistas chinos, en «Hong Kong» (1951).
Contar la vida de personas que acceden al poder, lo que hoy se conoce como biopic político, comenzaba a ser más creíble en esas fechas. Los ciudadanos intentaban confiar algo más en el cine. Un exitosa muestra de ello fue la premiada película «Viva Zapata» (1952) dirigida por Elia Kazan e interpretada por Marlon Brandon, cuenta la revolución del mexicano Emilio Zapata contra la corrupción. Y no sería la única, años más tarde se realizó desde México «Viva Zapata, Muera Zapata» (1970), algo más fiel a la historia que la anterior.
Si observamos las múltiples representaciones fílmicas de un solo personaje histórico, podemos llegar a conocerlo profundamente. Algo que sin duda ha ocurrido con el Ché. Las variadas historias y vivencias del médico revolucionario han sido retratadas en múltiples versiones cinematográficas. La italiana «Bloody Che Contra» (1968) fue una de las primeras en mostrar sus hazañas junto a la estadounidense «Che!» (1969), visiones demasiado cercanas a la muerte del argentino para ser completamente certeras. Sin duda la más poética, aunque algo menos política, de sus representaciones fue «Diarios de motocicleta» (2004) con Gael García Bernal representando la vivencias del joven aventurero antes de llegar a Cuba. Aunque para comprender mejor su cometido, no hay que dejar de ver «Evita» (1996) de Alan Parker, «Che: El argentino» o «Che: Guerrilla» (2008) de Soderbergh.