Conforme se fue desarrollando el lenguaje cinematográfico, el cine comenzaba a coger caracteres políticos significativos

Por Lucía Carrión Mercader

Los últimos meses han estado marcados profundamente por la política a nivel mundial, de forma que creo conveniente recopilar y revisionar un conjunto de filmes políticamente correctos, o incorrectos, según el espectador que los disfrute. Los rasgos políticos en el cine existen desde su nacimiento hace más de un siglo.

Las primeras grabaciones cinematográficas realizadas por los Hermanos Lumiere eran intrínsicamente sociales, no contaban con rasgos que afectaran a la opinión pública, y eran cintas dedicadas por completo a reproducir una realidad, ya fuera la de la salida de una fábrica o la llegada de un tren a la estación. Conforme se fue desarrollando el lenguaje cinematográfico, dando sentido a la secuencialidad, el montaje, el tiempo o el espacio, el cine comenzaba a coger caracteres políticos significativos; de hecho dos de las películas más estudiadas de la historia de cine, «El nacimiento de una nacion» (1915) de D.W.Griffith y «El acorazado Potemkin» (1925) de Sergei M. Eisenstein, están creadas con intenciones políticas bien definidas.
La propaganda política encubierta era un arma que había nacido junto con el lenguaje cinematográfico, como lo había sido la cartelería hasta el momento. La particular visión racista de la historia de los Estados Unidos de Griffith supuso revueltas sociales en el país. Sin embargo, la película de Eisenstein, parcialmente realista, abre una nueva vía social a sus espectadores, lugar de encuentro en el que el pueblo oprimido es capaz de sublevarse ante el maltrato recibido, aunque lo moral no justifica la forma.
Poco después de establecerse un lenguaje que ayudara a los espectadores a comprender el cine de ficción o el documental en profundidad, comenzaron a desarrollarse nuevos trabajos escalofriantes, de gran diversidad política y de diversos géneros estilísticos. Entre ellos destaca la película documental de propaganda política, realizada por la fuera la primera mujer reconocida directora, Leni Riefenstahl, «El triunfo de la voluntad» (1935). Era el paso definitivo para la inmersión del cine en la política gubernamental. Este documento muestra como fue la fiesta de Nuremberg que da la bienvenida al Tercer Reich, al tiempo que demuestra el poder de convicción que tiene Hitler ante toda una nación.

A mediados de la Segunda Guerra Mundial los cineastas comprometidos comenzaban ya a destacar, en muchos países bajo el telón de la censura, sus ideales políticos o sus críticas fascistas. La genial formulación del film «El gran dictador» dirigida e interpretada por Charles Chaplin (1940) fue muy bien acogida por el pueblo americano que ya esperaba una película sonora del director. Su firme crítica al nazismo en clave cómica, contiene escenas inolvidables y reconocibles para cualquier ciudadano.
Continuará, mientras tanto recomiendo ir a ver «Margin Call» (2011) de J.C Chandor, aclarará muchas incógnitas de la presente crisis, transmitiendo algo de temor y una idea general de cómo actúan los tiburones financieros.