La obra teatral “Cuando duerme conmigo” es palabra y actor. En toda su esencia. El dramaturgo argentino Eduardo Román ha escrito un texto con extraordinario pulso dramático, de giros inesperados, de conexión con las incertidumbres y lo inesperado de la vida, con una solidez en la carpintería teatral que escasea en la actual escena. Es teatro realista (con algún toque poético) en un momento de ausencia del realismo en la cartelera. Teatro, pues, de toda la vida, pero conectadísimo con la actualidad. Mejor, con lo que pasa. La obra se estrenó en Argentina en 2015, ha recorrido varios países con enorme éxito, en 2022 la llevaron al cine, y ahora se representa en el Teatro Infanta Isabel de Madrid.

Una mujer y un hombre aguardan en la sala de espera de una UCI noticias de los que están dentro, con el cansancio y la angustiosa incertidumbre de esos momentos interminables. Elena (Elena Ballesteros) es abogada, una mujer con 20 años de matrimonio y tres hijos, que aspira a controlarlo todo pero ha de enfrentarse al descontrol de la vida. Su marido, Ramiro, ha sufrido un grave accidente automovilístico. Vicente es profesor, un hombre aparentemente seguro de sí mismo. Ambos empiezan a hablar en una de esas conversaciones de hospital en las que se persigue algo de calor en medio del frío del miedo. Reciben llamadas de sus respectivas madres. La obra trata sobre el amor/desamor. Pero también sobre la familia. “Mi marido es un seductor”, dirá ella. “Sí, sí, eso ya se nota”, contesta él. De repente descubren que ambos esperan noticias de la misma persona. Ramiro lleva una doble vida. Con ella y sus hijos. Y con él. Montaba árboles de Navidad junto a Elena, y miraba durante horas el firmamento tumbado en la arena de la playa agarrado a la mano de Vicente. La tensión se desata. Elena: “Soy una persona decente”. Vicente: “¡Yo también lo soy!”.

Hay en “Cuando duerme conmigo” tensión dramática, ironía, y unas frases que no buscan el brillo, sino estar al servicio del argumento. Todo resulta creíble. El peso de la función está confiado a la fortaleza de la palabra y a la capacidad de los intérpretes. Que despliegan un trabajo colosal, saltando sobre las dificultades de la trama. Empiezan adheridos a la incertidumbre, y acaban con la extraña lucidez que provoca una botella de ron bebida en situación límite. La vida les sonreía junto a Ramiro. “Cuando la desgracia toca a nuestra puerta es ahí cuando nos preguntamos: ¿Por qué a mí? ¿Qué hice mal?”, afirma Elena. Que resume: “No se puede tener todo, la vida se encarga de complicarlo”. Y es eso.