Carlos Bardem y el italiano Vincenzo Nemolato protagonizan «No lo grites», un drama que explora la homofobia en el fútbol profesional mientras el equipo de rodaje se despide de Córdoba, Argentina, y se prepara para viajar a Misiones, donde finalizará la producción, en manos de compañías de Argentina, España e Italia.
La última jornada de rodaje en la ciudad de Córdoba tiene ese aire que solo se respira al final de un proceso largo. Tres semanas de trabajo intenso, de calles transformadas en escenarios, de equipos técnicos moviéndose entre equipajes y cables, de actores ensayando diálogos en acentos que no son los suyos. El clima no es de despedida, sino de una intensidad eléctrica. Hay algo en el aire que mezcla el alivio del trabajo cumplido con la expectativa de lo que vendrá. El equipo empieza a desarmar los decorados, a guardar el equipo, pero nadie parece querer irse del todo.
«No lo grites» se desarrolla en un mundo tan conservador como el del fútbol profesional. La película, dirigida por la dupla de Martín Jalfen y Miguel Usandivaras, se presenta como un coming of age, ese paso vital de la juventud a la madurez, teñido de realismo y conflicto social. La sinopsis sitúa al espectador frente a Maxi, una joven promesa del fútbol misionero que carga con un secreto: está enamorado de su amigo Julián. Ante la aparición de un cazatalentos europeo, Maxi se ve tironeado entre el sueño del éxito profesional en Italia y la necesidad de no asfixiar su identidad propia ni su amor. Es la decisión moral que puede cambiar una vida para siempre.
Para encarnar esta historia que viaja entre las calles cordobesas, el monte misionero y las ambiciones europeas, la producción apostó por un elenco internacional. Sentado con la tranquilidad de quien en Argentina se siente en casa, Carlos Bardem lleva un apellido con una estirpe actoral que en España es casi realeza. Hermano de Javier, hijo de la recordada Pilar Bardem, Carlos es el mayor de una familia en la que lo extravagante no era ser actor, sino dedicarse a la historia o a la filosofía, disciplinas que él mismo estudió antes de rendirse al llamado de la cámara. Actor de raza y escritor de fuste, con nueve libros publicados, Bardem interpreta en el film a Fernández, un representante «reargento» que maneja los hilos del mercado local.
A su lado, el italiano Vincenzo Nemolato aporta la intensidad del nuevo cine italiano. Destacado por su labor en «La quimera», de Alice Rohrwacher, Nemolato también viene de un entorno donde el arte es un lenguaje cotidiano: su hermano es un reconocido artista conceptual en Hollywood, responsable de diseños de arte en films como «La forma del agua», tarea por la cual ganó un Oscar. Vincenzo encarna a Antonio, el agente italiano que llega a Argentina buscando el negocio y termina encontrando un espejo de sus propias contradicciones.
La conversación con ambos actores en La Voz, en el marco del rodaje, revela las capas de una historia que se niega a ser un simple drama deportivo. Carlos Bardem explica cómo llegaron a esta locación tan particular: «Llegamos de una manera muy orgánica. Hoy el futuro de nuestro cine pasa por las coproducciones. Es fundamental entender que para hacer cine de calidad hace falta inversión, y más cuando los financiamientos locales se recortan. Esta es una alianza potente entre Argentina, Italia y España. Yo ya conocía el país, pero Córdoba ha sido un descubrimiento maravilloso: una ciudad con una energía encantadora y equipos técnicos de primer nivel».
Vincenzo Nemolato, por su parte, describe a su personaje como alguien que necesita cerrar un contrato a toda costa para no perder su carrera en Italia. «Es un quilombo», dice, usando la palabra argentina con una sonrisa. «Me gusta esa palabra. En esa búsqueda de talento, se encuentra con este chico, Maxi, y ahí aparece el gran tema: cómo el talento puede comprar tu libertad, pero siempre a un precio muy alto. La película reflexiona sobre ese peaje que hay que pagar para ayudar a la familia o triunfar».
La película toca un tema que sigue siendo tabú en el mundo del fútbol: la homofobia en el deporte profesional. Bardem lo aborda sin rodeos: «Solo hay que mirar las estadísticas. Es imposible que no haya futbolistas homosexuales en las ligas de elite, pero el silencio es total. Eso te habla de una presión sistémica feroz. En la película se cuentan las transas y las mañas que se hacen para mantener a alguien en el clóset a cambio de una carrera exitosa. Estamos viviendo una ola reaccionaria en el mundo donde parece que algunos quieren volver a meter a todo el mundo en el armario, y el cine tiene que combatir eso desde la sensibilidad».
Nemolato añade una perspectiva que matiza la mirada europea sobre el tema: «También hablamos de la hipocresía europea. Se llenan la boca con los derechos, pero en la práctica hay muchas contradicciones. Por eso me interesó que los personajes no fueran ni buenos ni malos, sino que se movieran en esa zona gris donde realmente crecen los conflictos».
Uno de los aspectos más llamativos de la interpretación de Bardem es su acento porteño, tan logrado que podría confundirse con el de un actor argentino. El propio actor explica el proceso: «Es que vivo rodeado de argentinos en Madrid. Mis mejores amigos son de Ciudadela y de Rosario. Cuando me reuní por Zoom con los directores, les hablé en argentino directamente para que vieran que no era una caricatura. Igualmente, tuve una coach, Mariana, que me decía: ‘No lo cancherees tanto’. El reto para un actor es siempre no caer en el estereotipo, sino habitar la música del lenguaje».
Ambos actores vienen de familias muy ligadas al arte, pero sus caminos hacia la actuación fueron diferentes. Nemolato recuerda el apoyo de su padre, que tenía la vocación de actor pero no pudo serlo por las circunstancias de la vida: trabajó siempre en temas muy duros, como el amianto. «Él me dijo: «Trabajar de lo que sea es difícil hoy en día, así que hacé lo que te haga feliz». Contar con ese apoyo me dio una tranquilidad mental diferente para perseguir mis sueños».
Bardem, por su parte, recuerda a su madre, Pilar, que sufrió mucho para darles de comer a los tres hijos. «Yo no crecí romantizando la actuación; por eso estudié otras cosas antes. Pero cuando hice mi segunda película y le dije que creía que podía vivir de esto, me respondió: «Claro que sí, imbécil, en esta familia todo el mundo hace esto’. Para ella, lo raro era que yo quisiera ser historiador».
La realización de «No lo grites» ha sido posible gracias a una coproducción internacional que involucra a varias empresas. Participan la productora cordobesa Jaque Content, creadores de «La chica que limpia», y su par porteña Ajimolido Films, junto con Monte Cine de Misiones, La Sarraz de Italia y Mamma Team de España. El rodaje se ha desarrollado en diversas locaciones de la provincia de Córdoba: la capital, Villa Allende, La Calera y Mendiolaza. Ahora el equipo se traslada a la provincia de Misiones, con base principal en Esperanza. El elenco incluye también a Majo Cabrera, protagonista de la serie «Nada». El equipo total es de unas cincuenta personas, de las cuales el 95 por ciento es oriundo de Córdoba, un dato que refleja el impacto local de la producción.
La producción ganó la primera ventana del concurso cash rebate impulsado por el Gobierno de Córdoba, lo que permitió dar el primer impulso al proyecto. Bardem reflexiona sobre el valor del cine en un contexto económico tan complejo como el que atraviesa Argentina: «Hay que ser inteligentes. El cine, además de arte, es una industria que trae inversión y da mucho trabajo a los lugares donde se filma, en este caso Córdoba y Misiones. El cine es una gran oportunidad para los lugares donde se filma. No es solo contar historias, es mover la economía real de una región».
El estreno de «No lo grites» está previsto para el primer semestre de 2027, primero en festivales y luego en salas de cine.











