Uno de los últimos trabajos como actriz de Blanca Oteyza fue un monólogo, estrenado en agosto de 2022, en el que encarnaba de manera sensacional a Margarita Xirgu. Con su voz llena de registros que recorría todas las edades de la vida de la intérprete, con las permanentes alusiones de amor absoluto al teatro. En los 80, años de fuertes turbulencias y polémicas internas en España en la profesión teatral, los dramaturgos solían poner de ejemplo a Margarita Xirgu como una intérprete que arriesgó en sus trabajos, en comparación crítica con alguna destacada actriz de entonces (y de ahora), que consideraban que apostaba constantemente por el éxito más o menos asegurado. Blanca Oteyza, como la Xirgu, arriesga. Ahora se ha embarcado en la dirección de “Cámara lenta”, “una historia de soledades”, dura, “de amor a tres”, obra del dramaturgo argentino Eduardo Pavlosky, que escribió la pieza cuando se exilió en Madrid de la sangrienta dictadura militar del general Videla.

“Es una historia de amistad, es una historia de amor pese a la crueldad, es una historia de sueños rotos, es una historia de necesidad de protección, es una historia de la casa como refugio. Todo, más allá del desarrollo de la historia en un contexto político y social tan tremendo como fueron aquellos años de dictadura en Argentina. Estos seres son como son y viven como viven también a consecuencia de aquellos años”, afirma Blanca Oteyza, que ha vivido y trabajado durante muchos años en Argentina, donde goza de un extraordinario cartel como actriz, al igual que le ocurre en otros países latinoamericanos. Como le pasaba a Margarita Xirgu, sí. Y añade: “Los personajes han vivido juntos, pero no sólo físicamente. Entre los tres han puesto sus ilusiones, sus frustraciones, su amor. A lo mejor yo, por haber vivido tanto tiempo en Argentina, he podido comprender muchas cosas que con mi visión de no ser de allí, he podido captar desde aquí”.

“Cámara lenta” se representa hasta el 23 de febrero en el Teatro Victoria de Madrid y está interpretada por Héctor Berna, Patricio Rocco y Carmen Gallardo. Con el boxeo como telón de fondo y un país, Argentina, despedazado bajo una terrible dictadura militar, se enmarca esta historia de pérdidas y recuerdos en un contexto poético. La historia de Dagomar, una vieja gloria del boxeo, Amílcar, su entrenador, y Rosa, amiga de ambos. Y subraya Blanca Oteyza: “De la pieza me atrajo todo. Lo difícil que era, el reto que suponía dirigirla, el tener entre las manos un texto de Pavlovsky, y el interés que siempre despierta en mi todo lo relacionado con Argentina y con sus grandes autores, directores e intérpretes. Se trata de personajes marginador por la sociedad pero también marginados a sí mismos”. Y ahí están los tres, protegiéndose en la casa de Dagomar, que parece caerse a pedazos. Concluye Blanca Oteyza: “Esa casa es una alegoría sobre la propia Argentina de aquellos días. Un país que llega a lo más alto, un país estrella en muchos sentidos, pero que comienza a desmoronarse. Desmoronamiento en lo económico, en lo social, en lo político. Se produce allí el devenir más desastroso de un sueño”.