“Abre fácil” es una feliz comedia de Álvaro Carrero, prolífico dramaturgo de éxitos importantes. Álvaro Carrero ha convertido en pieza teatral un cortometraje con el que se alzó con el primer premio del Festival de Cine de Málaga en 2016. Porque “Abre fácil” tiene mucho sabor a Málaga. El autor es de Málaga. Y los intérpretes son todos malagueños: Salva Reina (pletórico de vis cómica, como siempre), Natalia Roig, Rocío Rubio, y el propio Álvaro Carrero, que encarna en la función varios personajes secundarios con sus dotes de inmenso histrión para dibujar a personas raras. Al estreno, en los teatros Luchana de Madrid, animadísimo, asistieron actores como Pablo Pujol o Miguel Ángel Martín, o el cineasta Fernando Colomo. Álvaro Carrero tiene actualmente otras tres obras suyas en la cartelera madrileña, una, “En ocasiones veo a Humberto”, desde hace varias temporadas. Dramaturgo pletórico, sí. No está pasando “una mala tarde”, como les sucede a los personajes de “Abre fácil”.

Álvaro Carrero es un consumado experto en la comedia de situación, hay algunos ecos de Miguel Mihura, de Enrique Jardiel Poncela, y de algún otro en su teatro, pero Carrero es más otro que ninguno. La fuerza de “Abre fácil” se sustenta, como en varias de sus obras, en unos diálogos trepidantes, a todo ritmo, disparatados, absurdos, ocurrentes, con un humor extraído de la calle y del ‘ahora’, con reconocibles giros del habla andaluza. La peripecia avanza hasta convertirse en divertidamente agobiante. Un matrimonio (15 años casados) va a tener su primer hijo y compra un bajo en un edificio céntrico de una gran ciudad. “-¿Un bajo? Esto era antes un trastero, se han hecho aquí cosas ilegales”, explica un personaje. Porque en el fondo existe una crítica (amable) a la llamada ‘turistificación’, que lo está devorando todo en algunas urbes del país. Todo para los turistas. Pero es tan reducido el habitáculo que el cajón con un frigorífico nuevo se queda encajado en la puerta, precisamente en el momento en el que rompe aguas la mujer, que se ve aislada en el pisito con su hermana y con su parto.

Y ahí comienza la odisea de los protagonistas mientras el dramaturgo realiza felices regates con el devenir de la historia. El autor, ya está dicho, tiene una extraordinaria habilidad para mover de un lado a otro el humor. Hay un personaje en medio del risueño caos que necesita urgentemente “una cervecita”. Al final, los invitados al estreno tomaron una cerveza por cortesía de la casa. Bien fresca, como la obra.

(Publicado en Andalucía Información)