La obra nos lleva al Siglo III, cuando el Imperio Romano dominaba Hispania y es el personaje de César quien le pide al Dios Júpiter regresar para conocer la situación que vive su país. En este escenario César, acompañado del actor Antonio Campos interpretando a su esclavo mudo, muestra cómo piensan y actúan los políticos y personajes más significativos de este período y nos señala las causas que derivarían posteriormente en la decadencia de este Imperio.
Acompañado por sus esposas, amantes, guerreros y criados se producen auténticas situaciones de humor desmedido. Con un estupendo discurso que imita al de Marco Antonio ante el cadáver de su amigo César, asesinado en el Senado romano, Moncho Borrajo entremezcla su manera peculiar, chistosa e inteligente de concebir en broma -a veces en serio- la historia de nuestro país, con la realidad actual, palpable, desbordante de ironía, poniendo de manifiesto que en lo esencial (la envidia, hipocresía, latrocinio y otras cualidades más del ser humano) los hispanos de entonces son muy parecidos a los hispanos de ahora.
Borrajo hace gala de un dominio absoluto del escenario y sobre todo del monólogo donde es un maestro, aunque bien hay que decirlo, nunca una función es igual a otra porque este autor agudo e inteligente, sabe sacar partido de cualquier imprevisto.
El autor señala que «recurrimos a frases auténticas de los políticos actuales que están en escena junto a otros personajes que producirán situaciones de humor muy provocador y que harán participar al público que tendrá un papel muy importante. Aquellos que acudan al teatro se van a encontrar a un actor que no esperan pero con momentos del Moncho de siempre”.
El Imperio Romano comenzó la invasión de la Península Ibérica en el siglo III antes de Cristo. Estuvo en nuestras tierras –a las que denominó Hispania- durante ocho siglos. En ese tiempo se desarrolló una especie humana única: el «golfus hispanicus”. Su representante actual más destacado es Moncho Borrajo. Como afirma Borrajo: «El corrupto nace… pero se hace más día a día.”
Borrajo siempre ha brillado con luz propia desde los año setenta, cuando era el rey en las salas de fiesta. Muy recordadas son sus improvisaciones en base a palabras que le iba diciendo el público y que él transformaba con una habilidad única, en auténticas canciones. Humorista deslenguado, pintor reconocido, escritor… Borrajo es un personaje desbordante que conecta inmediatamente con el espectador. Desde sus primeras actuaciones en Don Chufo o Cleofás, Borrajo ha presentado ya en teatros más de una docenas de espectáculos, como Di-hablemos, El bufón del Rey o Loco. Ahora, con toga romana y cabeza laureada, y al amparo de Dionisio, dios del teatro, no deja títere con cabeza. Como siempre.