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Teatro | Crítica | 25/09/2018

EL RETO DE UN GRAN ACTOR
Lluís Homar interpreta de manera conmovedora "Tierra baja" en el teatro de La Abadía, de Madrid

Lluís Homar dota de alma a los cuatro personajes que encarna en “Tierra baja”, en un espectáculo conmovedor, de fondo duro, pero extremadamente poético, que se representa en el Teatro de La Abadía de Madrid. “Tierra baja” es la historia de un triángulo amoroso complejo y punzante.

tierrabajateatro.jpgPorque es poesía todo lo que impregna esta obra, en la que el hombre aparece en su perfil humano y racional, agujereado por el amor y el dolor, pero también está ese instinto que mueve a las personas y las aproxima a los animales, porque uno de los asuntos más inquietantes de “Tierra baja” es ese punto de encuentro que a veces se produce inevitablemente entre el hombre y la bestia. Y la complejidad de esta obra, donde la sangre brota por dentro y por fuera, necesita inevitablemente de algo: la presencia de un intérprete superlativo. Lluís Homar lo es. Lo que antes se llamaba un primer actor. Cuando tenía 16 años interpretó por primera vez “Tierra baja”, luego volvió a ser otra vez Menelic, el protagonista, en 1990, en el último montaje que dirigió el gran Fabiá Puigserver, y hace cuatro años retomó la obra, que se representa en el Teatro de La Abadía, de Madrid.

“Tierra baja”, de Ángel Guimerá, está considerada como una de las obras más emblemáticas del teatro catalán. La estrenó en 1896 la actriz María Guerrero en el teatro Español de Madrid, con traducción de José Echegaray. Ahora, Lluís Homar y el director, Pau Miró, han realizado una afortunada adaptación, fiel al espíritu y a la letra del original, una adaptación que, como ha dicho Lluís Homar, podría firmar el propio Ángel Guimerá.

La obra, llena de simbología, es también un colosal alegato contra los opresores, los que buscan apoderarse del cuerpo y el alma de los otros. Sebastián, el cacique, decide casar a Marta, la hija del molinero, a la que hizo su amante desde que ella sólo tenía 14 años, con Manelic, el pastor que únicamente conoce la montaña, la “Tierra alta”, un muchacho corto de luces pero de instinto afilado. Ellos no consumarían el matrimonio y Sebastián, que está arruinado, podrá tapar las habladurías y contraer matrimonio con una rica heredera que lo sacará de su difícil situación económica. Pero ahí se encontrarán el hombre y la bestia. La escena en la que Lluís Homar se convierte en lobo para, en cuestión de segundos, volver a ser hombre es sencillamente colosal. Todo el público aplaudió al actor al final de la función puesto en pie durante muchos minutos. Y quedan frases como la que pronuncia Manelic: “Marta, vámonos allá arriba, que si hasta los cuerpos en la nieve se conservan, qué no harán las almas”.
Por: Luis Eduardo Siles




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